Desembarcó en Vitoria con la vitola de estrella. Su crecimiento en el Partizán, la confirmación a lomos del Efes Pilsen, una aceptable travesía por la NBA o sus éxitos con la selección serbia hicieron frotarse las manos al baskonismo. Un 'cinco estrellas' para la pintura del Buesa Arena. La codiciada pieza que completaba una batería interior de ensueño. El curso 2005-06 roza su ecuador y Predrag Drobnjak apenas ha constatado en un par de partidos la calidad que le hizo ganarse un respeto unánime. Hasta la fecha, el poste se ha erigido en una de las decepciones del TAU. Él se defiende. Asume que se mueve muy por debajo de las expectativas. Y, ante todo, promete esfuerzo y dedicación para levantarse. Hasta apunta una fecha; la Copa del Rey de Madrid.