El frío -4,5 grados bajo cero- y la niebla mantenían a los invitados en el umbral de la puerta principal del edificio de la torre de control, a la búsqueda de un pequeño resquicio de calor. El vuelo de Ryanair, procedente de Dublín, había aterrizado en las pistas de Foronda a las diez menos cuarto de la mañana, con un pequeño retraso. Pero demasiado grande si la espera se soporta a la intemperie y a temperaturas gélidas.
Se trataba de recibir con todos los honores a una compañía aérea llamada a revitalizar el tráfico de pasajeros en un aeródromo que sólo entiende de paquetería y mercancías. «Es una buena noticia saber que un avión de Ryanair llega a Vitoria», reconocía un exultante Carlos Samaniego, teniente de diputado general. Por ello, la ocasión invitaba a hacer un esfuerzo.
El avión, de azul y blanco, estacionó junto a varios cargueros. La salida del vicepresidente de la firma, Michael Cawley, por la estrecha escalerilla fue triunfal. Pulgares en alto y decenas de fotografías para inmortalizar la visita más deseada. Diferentes poses con todas las autoridades tanto dentro como fuera de la aeronave. Y, luego, el concurrido encuentro con los medios de comunicación alaveses. Una hora después, el Boeing 737 despegó de Foronda.
Fue una especie de improvisada versión moderna del inmortal 'Bienvenido Mister Marshall', aunque con alguna diferencia. Ayer no hizo falta ninguna banda de música -se hubiesen helado- y Mister Marshall se paró y no pasó de largo, como sucedía en el filme de Luis García Berlanga. Ahora sólo queda saber si habrá merecido el esfuerzo.