La escuela de golf Seminario de Vitoria abrió sus puertas en julio del pasado año en un rincón del edificio que le da nombre, y con éxito. En estos meses, por su pequeño 'green' han pasado hombres de negocios, deportistas como Bodipo o su jefe, Piterman, y todo un variado elenco de profesionales liberales, oficinistas, chóferes, amas de casa, y hasta niños y jubilados. Así hasta sumar un millar de alumnos, explica David Ortiz de Urbina, uno de los responsables de esta cancha de prácticas pionera en la capital alavesa.
El boca a boca, que tan buenos resultados da en Vitoria, ha llevado a muchas de estas personas a asir por vez primera un palo y a familiarizarse con términos como par, hándicap, pitch, putt o tee. El comentario general de los novatos suele ser siempre el mismo: «Pues esto no es tan caro como se dice», sostiene Ortiz de Urbina.
Y es que por cinco euros y medio, una persona con cierta destreza puede pasarse dos o tres horas al día dándole a las bolas -unas cien- con el objetivo de meterlas o acercarlas a los hoyos ubicados a 50, 100 y 150 metros de distancia.
Una empresa harto complicada para quienes como Esther Matute acaban de iniciarse en este deporte. A Esther, a su marido y a otras dos parejas de amigos «les picó el gusanillo» las pasadas navidades en Punta Cana, en la República Dominicana. «Ya estábamos detrás de ello, pero allí probamos y nos gustó», comenta. «Eso sí, me parece dificilísimo», agrega mientras sueña con llegar a participar algún día en campeonatos.
Esther es alumna de José Ángel Ozaeta, quien destaca el tirón social de un deporte donde importa la técnica y que está en claro auge en Álava los últimos años. «Lo puedes practicar en casa, en cualquier momento y sin tener que contar con nadie. Aquí siempre hay gente», detalla.
A Eduardo Arróniz, que utiliza el campo del Seminario para entrenarse, lo que le tiene enganchado al golf es, sin embargo, su efecto «relajante». «Me gusta la calma del campo, la tranquilidad y eso de competir contigo mismo, la superación personal», resalta.