Confieso sin ninguna mala intención ni ganas de bronca que el golf me ha parecido siempre uno de los deportes más insustanciales (permítanme la expresión) que ha inventado el hombre para pasar el rato. Perder el tiempo golpeando con precisión profesional una pelotita hasta acercarla a un hoyo no me parece la más excitante de las aventuras posibles, aunque sé de gentes de gran talento que no podrían vivir sin esa práctica tan escasamente excitante para mí. La culpa, sin duda, es mía.
El golf está asociado al disfrute de las gentes con posibles, porque resulta extraño que un obrero de la construcción se presente en un campo verde para mover de sitio esa pelotita hasta meterla en el agujero. Digan lo que digan quienes lo practican, se trata de un juego elitista, muy aburrido para el profano y notablemente escaso de lógica. Como todos los deportes, dicho sea de paso y sin que se me enfurruñe nadie.
En Álava están previstos seis nuevos campos de golf, el doble de los existentes. Los detractores de tan curiosa manera de pasar la mañana, o la tarde, hablan de trampa urbanística con argumentos bastante sólidos, de gasto inútil de recursos, de desperdicio de terreno y de otros males asociados, pero la afición es terca como pocas y no los aceptará nunca. Si se me permite el comentario, es parte del juego.
De todas formas, este peculiar deporte gana adeptos cada día, así que algún atractivo tendrá. El caso es jugar para poder decir después «vengo de jugar al golf», que tan bien suena a la hora de referir las hazañas del día. Los gastos en agua serán relativizados o ignorados y todos los implicados esbozarán sonrisas de infinito contento. Yo evocaré aquella novela de Aga-tha Christie o aquella otra de Patricia Highsmith en las que se cometían portentosos asesinatos en el curso de intrincados enigmas policiacos. Una jornada de golf da para mucho y luego todo consiste en reunirse a cenar evocando la atracción irresistible de los agujeros en la hierba. Que todo salga bien y la experiencia resulte un éxito. Yo estaré por ahí leyendo el periódico.