El Correo Digital
Viernes, 27 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
ARTÍCULOS
La definición
A veces, en la vida, no queda otro remedio que definirse. Y no es raro que el acto en sí resulte engorroso. Porque, o bien son los otros los que te obligan a definirte (casi siempre para saber a qué atenerse contigo), y entonces lo haces un poco a regañadientes y como forzado por las circunstancias, lo que inevitablemente te acaba dando un aire claudicante y un tanto contemporizador; o bien, es un acto de valor ante una situación que ya de por sí se presenta chunga y de la que no estás muy seguro de cómo vas a salir. Definirse, en esas situaciones, no tiene tanto que ver con la verdadera naturaleza de uno como con la posición en la que quiere situarse. Que no es lo mismo. La naturaleza importa cada vez menos. Y lo que importa cada vez más es la posición. Cuando se trata de cosas, de plantas o de animales, la definición sólo pretende explicar con la máxima precisión la naturaleza del objeto. De modo que una buena definición se compone de género próximo y diferencia específica. Un cocodrilo es un reptil anfibio de cuatro a cinco metros de largo. Sin embargo, cuando se trata de personas las definiciones no se contentan con la hermosa sencillez. Tienden a complicarse. Somos criaturas complejas y nos cuesta entendernos. Seamos pues benévolos con nosotros mismos. Intentémoslo, al menos. En realidad el problema de la definición surge cuando uno se empeña en definirse a sí mismo. Los cocodrilos no se definen a sí mismos. Sólo nosotros lo hacemos. Y, puestos a ello, es comprensible que no nos contentemos con cualquier cosa. ¿Quién no se maquilla un poquito antes de definirse? Seremos complejos en algunos aspectos, pero en otros somos muy simples. Montaigne decía que los seres humanos somos egoístas, crueles, pusilánimes, envidiosos y amantes del lucro. Y yo no soy quién para corregirle. En todo caso, sólo añadiría que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, somos todo eso pero además con la autoestima alta. Porque hemos descubierto que la autoestima es muy importante para triunfar en la vida. Hay gente que tiene una gran autoestima y otros que, sin embargo, la tienen por los suelos. Y eso se nota enseguida. Recuerdo que leí hace no mucho el caso de un tipo llamado Robert P. Rice, preso en un correccional de Utah, que se definía a sí mismo como 'druida vampírico'. El individuo demandó al departamento de correccionales del Estado porque decía que se negaban a atender sus necesidades dietéticas. Quería que le proporcionaran sangre fresca y acceso carnal a vampiresas. Y como no atendieron sus demandas, les demandó. Las autodefiniciones se devalúan por exceso de subjetivismo. El subjetivismo es genial para ciertas cosas. Pero no es bueno para hacer leyes.



Vocento