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Viernes, 27 de enero de 2006
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CULTURA
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Vuelta al ruedo bilbaíno
4.000 personas abarrotan el Palacio Euskalduna en los dos conciertos que ofreció Joaquín Sabina en Bilbao el miércoles y ayer
CON BOMBÍN. Sabina, en el escenario del Euskalduna. / B. CORRAL
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No era Las Ventas, pero resolvió la faena con soltura. Después de cinco años de ausencia, Joaquín Sabina se reencontró con un público bilbaíno que le echaba de menos en dos conciertos para los que el auditorio de 2.000 plazas del Palacio Euskalduna había colgado el cartel de 'completo' desde hacía un mes. Con algún kilo más -de esos que al 'flaco' de Úbeda no le sobran- y la habitual pose irreverente, regresó a la capital vizcaína para presentar su último trabajo, 'Alivio de luto', dentro de su gira 'Ultramarina' por los teatros.

Ataviado con bastón y bombín, Sabina 'atracó' en Bilbao a bordo del 'Desprestige' -como bautizó al barco que decoraba el escenario- y acompañado por 'la orquesta del Titanic', «que sigue tocando mientras yo me hundo», decía. Antonio García de Diego le dio paso al piano y Olga Román le acompañó del brazo hasta el escenario.

En el primer tema, con urgencia, ya advertía eso de que «ahora estoy más vivo de lo que estoy». Ahí se ganó los primeros aplausos de sus fieles que, por llamarle, le llamaron hasta guapo. Saludó con un 'Gabon Bilbo!' y agradeció que le hicieran un hueco en un escenario tan privilegiado como el del Euskalduna, «donde si te fumas un cigarrillo en el camerino llaman a la Ertzaintza», bromeó.

Acto seguido, y entre sorbos de chupito, entonó una de las joyas de su último álbum, 'Pájaros de Portugal' -o «de Portugalete»-. Pero fue tacaño en temas nuevos -sólo cantó cuatro-. Con 'Calle melancolía' arrancó el primer estribillo a los de los asientos - «que pena que estéis tan lejos», lamentó-, a quienes cedería el micrófono en varias ocasiones -'¿Quién me ha robado el mes de abril?', 'Y si embargo', y una roncarrolera versión de 'Princesa' muy agradecida por un público que se quedó con ganas de quitarse el corsé que impone el auditorio.

El Estatuto y la COPE

Aunque se ahorró los saltos y las carreras por el escenario, el 'tonadillero' dejó claro que aún está para recibir estoques. Y para darlos. Mordaz, el hijo insolente de la 'mater' España recordó a «los obispos de la COPE» que «casi hay Estatuto y no se ha declarado aún la guerra civil». No más pullas. El resto del tiempo se dedicó a cantar y leer versos cada vez más roncos, forzados algunos, geniales casi todos, aunque una rima olvidada le jugó un mala pasada en un estribillo.

Después de una docena de temas cedió el puesto a Olga Román y Pancho Varona. Siguiendo un guión que recordaba al de conciertos anteriores, repitió la puesta en escena de 'Una canción para la Magdalena' y encadenó con acierto tres 'clásicos' - 'Que se llama soledad', 'Peor para el sol' y 'Contigo'-. García de Diego se apuntó 'A la orilla de la chimenea', que sonó bien pero diferente. Y se fue a los 'bises'. Desoyó a los que le pidieron un 'Pacto entre caballeros' y no guardó sorpresas en la despedida. Cuando le daban las once puso fin al repertorio y, con el auditorio en pie, se quitó por tercera vez el sombrero. De haberlo llevado -alguno había- el público también se lo habría quitado.



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