El Correo Digital
Viernes, 27 de enero de 2006
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CULTURA
A PROPÓSITO
Fantasmas
A mí estas pasarelas posmodernas, estación tras estación, una temporada tras otra, se me han ido pareciendo a desfiles de agónicas ninfas y cada vez me recuerdan más al paso sobre una alfombra de una Santa Compaña del ultramundo de la moda. El firme baluarte de la casa Dior, John Galliano, intenta remover en su tumba a todos los espíritus de famosos que lo fueron en el arte del vestir y de paso asombra a toda la curia modistil y deja atónito al personal interesado con su última colección, exhibida por muertas vivientes, modelos cadavéricas de tenebrista maquillaje con la fecha de la Revolución Francesa encima de sus tetas de espectro. Todo un camposanto de cerúleas maniquíes aderezadas de fetiches sadomasoquistas no intentaba otra cosa que transgredir, romper con la modorra de la alta costura, traspasar límites, provocar. «Quería un golpe escénico», confesó el diseñador inmune total al miedo escénico.

Se está poniendo de moda la imagen de la mujer-muerta, la chica-zombie, la novia cadáver de la película, la púber fantasma, la muchacha macilenta de ojeras excesivas, la momia top-model con mirada y andar balanceante de un alma en pena. Es difícil de entender por qué se usa de estandarte a las mujeres para denunciar con fondo sanguinolento esta que creen época en rigor mortis que según parece inquieta tanto a los creadores de las grandes marcas, marcadores de tendencias y generadores de logomanía y enfermiza obsesión consumista de estos tiempos en que a los zapatos inaccesibles se les llama por su nombre familiar y quien calza unos 'manolos' lo sabe.

Galliano explica que con estas fúnebres propuestas revolucionarias se hace eco de la violencia y el terrorismo como obsesiones del presente. Y ya tenemos a la frivolidad vestida de trascendencia de arriba abajo. Envuelta en contemporánea desfachatez de los pies a la cabeza desfila con dura jeta la etiqueta del lujo reivindicativa. Una fantasmada, en fantasmada debiera quedarse aunque se vista de seda. Pero no. Ardió París, se chamuscó Milán y siguen ardiendo las ascuas de la polémica tras el pase de Galliano que tuvo lugar el mismo día en que anuncian la vuelta de Joan Baez y la canción protesta del pasado siglo. Aquí huele a muerto que apesta.



Vocento