Verdaderamente, realizar una película sobre un videojuego donde el espectador no puede intervernir nos parece todo un despropósito. Es, precisamente, lo que ocurre en 'Alone in the Dark', frustrada adaptación a la gran pantalla de un exitoso videojuego, aliñado con monstruos aterradores, elementos paranormales, pérfidos científicos y héroes y heroínas de pacotilla. Si en 'Doom', estrenada asimismo hace pocas fechas, el cronista experimentaba vergüenza ajena ante el cúmulo de atrocidades desplegadas por un incontinente aspirante a director, en la pseudopelícula que hoy nos ocupa ocurre tres cuartos de lo mismo.
Por si fuera poco, un abracadabrante tesoro oculto, perteneciente a una antiquísima civilización indígena, ya desaparecida, extraído de las profundidades del mar, propicia toda una serie de sanguinolentos encuentros, ridiculizados por unos horrendos efectos especiales. A partir de ahí, las intenciones de Uwe Boll ('House of the Dead') están claras desde las primeras imágenes, al abocarnos hacia una especie de cutre descenso a los infiernos, con los nada originales mimbres de una tortuosa anécdota, trufada de imágenes más o menos impactantes, como ese movimiento de cámara que nos introduce en el ánima de un revólver, justo en el momento del disparo.
Así, en 'Alone in the Dark' todo se limita a la construcción en bruto de secuencias pretendidamente fuertes, para una cinta absolutamente vacía, descoyuntada, donde los actores hacen el panoli más de la cuenta.