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terrorismo
ETA atenta contra la oficina de Correos de Murguía y el juzgado de Balmaseda
Los etarras pusieron un cartel de 'peligro' en la bomba que estalló en Vizcaya y las cámaras de seguridad grabaron a uno de los terroristas
BALMASEDA. Ertzainas observan los daños causados por la bomba. / TELEPRESS
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ETA volvió a atentar ayer con dos bombas dirigidas contra la oficina de Correos de la localidad alavesa de Murguía y el juzgado de Balmaseda, en Vizcaya. Las explosiones no causaron víctimas pero sí provocaron daños materiales, de manera especial en la población vizcaína, donde los terroristas activaron un artefacto de gran potencia, cargado con cerca de quince kilos de explosivo.

Los etarras no realizaron ningún aviso previo aunque, en el caso de Balmaseda, sí pegaron un cartel con la frase 'peligro. bomba' sobre el paquete. ETA comenzó a utilizar este procedimiento para alertar de la existencia de sus artefactos el pasado 3 de noviembre, cuando colocó sendos explosivos en Zarautz en dos ataques contra la oficina del Inem y los juzgados de paz y les añadió un cartel de advertencia. En aquella ocasión, la Ertzaintza consiguió desactivar una de las bombas después de que un transeúnte hubiese descubierto el paquete sospechoso.

Según los expertos, esta forma de actuar revela que la banda quiere evitar en estos momentos que sus atentados lleguen a causar víctimas mortales. En ese contexto, los expertos consideran extraño que el autor del ataque no realice llamadas telefónicas para avisar de la explosión si su objetivo es minimizar las posibilidades de que se produzcan heridos. Según estas fuentes, es probable que el terrorista sea un miembro 'legal' -no fichado- que teme utilizar los teléfonos por el miedo a que puedan rastrear sus llamadas y que carece de apoyos suficientes como para realizar las reivindicaciones.

Pese a las precauciones, el etarra jugó con la suerte en Balmaseda. El activista colocó la bomba en una pared lateral del edificio, en la calle Estación, y preparó el temporizador para que estallase a las 7.20 horas. En ese momento, la calle donde colocó la bomba estaba muy transitada, ya que es el único paso desde el pueblo al apeadero de Feve donde se coje el ferrocarril en dirección a Bilbao.

Guarda de seguridad

El artefacto, sin embargo, fue detectado por un guarda de seguridad que custodia el juzgado de paz y que descubrió un paquete sospechoso gracias a las cámaras de vídeo. El vigilante salió a la calle para examinar el bulto y al mismo tiempo procedió a avisar a una patrulla de la Ertzaintza que se encontraba en las cercanías. Los policías vascos procedieron a acordonar la zona y a alejar a los vecinos del edificio de los juzgados nada más ver el cartel.

Cuando se produjo el estallido la zona ya estaba vacía. La onda expansiva provocó cuantiosos daños en los locales del juzgado, así como en algunos vehículos aparcados en las inmediaciones. Además, destrozó los cristales de varias viviendas próximas. Según los expertos de la Policía autónoma, esta bomba contenía cerca de quince kilos de cloratita, el explosivo casero que la banda fabrica de manera artesanal en Francia.

Tras la deflagración, los especialistas de la Ertzaintza visionaron las cintas grabadas por las cámaras del juzgado. En ellas se puede ver a un joven con la cara oculta y vestido con ropa oscura mientras deposita el artefacto en la pared del inmueble antes de alejarse en dirección al centro del pueblo. Aunque no se ve a ninguna otra persona, los expertos no descartan que en las inmediaciones se encontrase un colaborador con un vehículo.

Los investigadores barajan la hipótesis de que estos terroristas son también los responsables del atentado que se había producido siete horas antes en la localidad alavesa de Murguía. Esta explosión tuvo lugar alrededor de la medianoche en la calle Domingo Satu, donde se encuentran las oficinas de Correos. La deflagración, que tampoco tuvo ningún tipo de aviso previo, causó numerosos daños en el inmueble y provocó daños de consideración en la fachada de una vivienda próxima. El ocupante de esta casa tuvo que ser trasladado a un hotel para pasar la noche ante el estado en que quedó su casa. El edificio de Correos es de propiedad municipal y acoge también una oficina de Telefónica y sedes de asociaciones deportivas. Todos estos locales resultaron afectados por la detonación.



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