Amparado en la ley del fútbol, donde las sentencias sólo se firman en goles, el Alavés se desaflojó ayer el nudo de Mendizorroza, esa cuerda que le ha dejado ya profundas marcas de asfixia clasificatoria. Sin variaciones esenciales en el equipo, incluso perdiendo crédito en el intento de reestructuración colectiva buscado por Oliva, halló la escuadra albiazul el maná de la efectividad, medicina curativa para cualquier trastorno a través del bálsamo del resultado. A la falta de contundencia de la Real Sociedad, superior por momentos, se unió la puntería de Carpintero y Aloisi. Tan ciertos los problemas albiazules como el 3-1, que en las condiciones actuales es un oasis de esperanza en el desierto de la temporada.