El viernes publicaban en las páginas 16 y 17 dos artículos que se entrelazaban. Uno se refería a un varón de 43 años, un 'sin techo', que, entre otras cosas tristes, contaba que si en lugar de conformarse con la ayuda de 300 euros que recibe trabajara para ganar 800 ó 900, su ex mujer le reclamaría 500 de ellos de pensión. El otro artículo comenta que apenas un 12% de los españoles cree que somos iguales ante la ley, mientras el resto creemos que la justicia funciona mal y es parcial.
Y ahora el ejemplo que relaciona ambos artículos: señor de sesenta y pocos años, separado, pensión digna y unos pocos euros de reserva sudados en un 'despido pactado' del trabajo. Por lo demás, una mano delante y otra detrás. Ex mujer, de profesión 'señora de', con piso de 360.000 euros para arriba. Jueza que decide: más de la mitad de la pensión del señor pasa a la ex. Al susodicho no le llega apenas para pagar el alquiler del piso, deberá ir tirando de sus reservas hasta que dentro de unos años, no muchos, tenga que ir a hacer compañía al señor de la página 16, del que nada conozco y no hago nada más que transcribir lo que cuenta. Pero en el segundo caso, les aseguro que yo, feminista y defensora de la igualdad hasta ahora, me pongo colorada por compartir género con las dos mujeres de esta historia, la ex y la jueza.