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Lunes, 30 de enero de 2006
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CULTURA
ESCRITOR Y PERIODISTA
Vicente Verdú: «La fidelidad de hierro no existe»
Hablará en el Aula de Vocento de las nuevas fórmulas de comunicación, el artículo «más deseado»
ENSAYISTA. Vicente Verdú acaba de publicar el libro 'Yo y tú, objetos de lujo'. / EL CORREO
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EL PERSONAJE
Vicente Verdú (Elche, 1942) es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y economista

Ha sido redactor jefe de las revistas 'Cuadernos para el diálogo' y 'Revista de Occidente'y jefe de colaboraciones, opinión y cultura en el diario 'El País'.

Su trayectoria periodística ha sido reconocida con el Premio González-Ruano. También ha recibido el XV Premio Espasa de Ensayo por su libro 'Impresiones desde los 50' y el Anagrama en su edición de 1997 gracias a 'El planeta americano'. También ha publicado 'Héroes y vecinos y días sin fumar' o 'Sentimientos de la vida cotidiana', entre otros libros.
Placeres sin tregua y diversión hasta la muerte son los objetivos de la cultura contemporánea, según la visión de Vicente Verdú, plasmada en 'Yo y tú, objetos de lujo', su última obra recientemente publicada. Pero el individuo, que no consigue la felicidad en los productos que sugiere la inacabable oferta comercial, se acerca a los demás mediante relaciones múltiples, variables, superficiales. El escritor impartirá hoy una conferencia, a las ocho de la tarde, en el Salón El Carmen de Bilbao dentro del ciclo de encuentros de Vocento. en colaboración con la editorial Debate. Verdú hablará de los 'sobjetos', el nuevo artículo de lujo del siglo XXI, y también de la superación del individualismo a través de esa trama proporcionada por las tecnologías de la comunicación.

-Junto a la superficialidad del saber, habla del 'personismo' como la primera revolución importante del siglo XXI. ¿Se trata de la forma superior del capitalismo?

-No sabemos hacia donde nos conduce porque este sistema ya no tiene alternativa.

-Se refiere a una forma de vida que priva a la muerte de cualquier sentido.

- Las ideas burguesas del ahorro, de las medidas de prudencia y sentido común para prevenir el futuro, de la contención general en el porte y las manera para recibir la ulterior recompensa, se sacrifican ante un sistema que pone por delante el placer y el pago a posteriori. Como decían los publicistas en los sesenta, 'compre hoy y pague mañana'. Es lo que está sucediendo con la casa, antes se ahorraba y luego se compraba, y hoy sucede lo contrario.

- ¿Siempre prima el placer inmediato?

-Es coherente con esa idea de vivir el presente, del énfasis en el instante y no pensar mucho más allá. Lo mismo ocurre en la política. Acuérdate de mayo del 68 cuando se solicitaba la 'revolución ahora' un lema que rompía todo lo que había sido el planteamiento marxista, partidario de acentuar todas las contradicciones del capitalismo, fundar un Estado que lo gobernara todo y, tan sólo en última instancia, dejar paso al paraíso del proletariado. En suma, un proceso largo de renuncia hasta llegar a la muy lejana meta.

-En este orden de cosas, surge la nueva criatura que denomina 'sobjeto'. ¿En qué consiste?

-Se trata del nuevo protagonista social o ciudadano, el prototipo que definiría el 'personismo'. La relación con el otro no tan profunda y entrañada como se tenía en una sociedad mas estable, sino superficial, efímera y cambiante como corresponde al vínculo con los objetos en la sociedad de consumo, que siempre tienden a la renovación. Ese aprendizaje lo llevamos al marco humano. En la Red mantenemos con alguien una afición, con otro desarrollamos un juego e, incluso, chateamos románticamente con un tercero. Los teléfonos móviles guardan cien direcciones pero ello no implica que tengamos cien amigos íntimos.

-¿El 'personismo' se encuentra a medio camino entre el feroz individualismo del liberalismo radical y la primacia socialista de la comunidad?

-El marxismo decía que para cambiar el individuo había que cambiar la comunidad, mientras que el liberalismo mantenía que la comunidad se transformaría a través de la realización del interés particular. Cuando las utopías han fracasado y llegamos en los años noventa a la constatación de que con más bienes no se genera felicidad, descubrimos un principio elemental que se encuentra en la relación con los otros, aunque la que buscamos no es muy compleja ni profunda porque sería inconsecuente con nuestra sociedad. Es mas circunstancial, existen muchos 'chats', pero eso no quiere decir que exista un entrañamiento similar al que existía en la sociedad mas estable, cuando las parejas eran para siempre, la convivencia con los vecinos duraba decenios y se sostenían lazos de familia extensa.

-¿La comunicación se ha convertido en el artículo más demandado?

-Se aprecia lo más escaso. Queremos relacionarnos, aunque preservando zonas de individualidad. Uno no se disuelve en el otro, sino que se preserva del otro, aunque lo necesita. A ese respecto, son paradigmáticas las películas 'El otro lado de la cama' o 'Los dos lados de la cama' de David Serrano, en las que se suceden las infidelidades, o la novela 'Ya no sufro por amor' de Lucía Etxebarria. Hacen referencia a ese sentimiento que había sido considerado tradicionalmente como una cuestión superdramática, que provoca desgarros y nos han amargado las vidas. Ahora nos lo tomamos de otra manera. Nos enamoramos, pero sabemos que el amor desfallece.

Experiencias cortas

-Da una impresión de precariedad.

-Según se tome. Es malo si hablamos de que no tenemos empleo seguro y nos tratan como una colilla, pero, desde el punto de vista que no hay mas allá, lo que uno quiere en este mundo es vivir el mayor número de experiencias posibles y eso exige que las experiencias sean relativamente cortas.

-Tal relativismo afecta a todos los apartados humanos, incluido el sistema político.

-Se halla en todas las creencias continuadas. Hoy, la fidelidad de hierro no existe ni en la pareja ni en la religión y la política. El concepto de izquierda puede hacer que una persona se fosilice en pensamientos que no tienen cabida en la contemporaneidad y la derecha se convierte en residuos de un pasado vetusto. Ahora decimos que nos gobiernan los socialistas, decimos, insisto, porque se llaman así, aunque, si observamos como operan, no veremos rasgos muy característicos de lo que se ha entendido como socialismo tanto en el asunto nacionalista como en la apuesta por una reforma fiscal profunda y redistributiva y otros aspectos del Estado del Bienestar, tan importante antaño para la socialdemocracia. Las etiquetas se difuminan y los sistemas de representación que existen son poco operativos porque la gente quiere respuestas inmediatas. Si un articulo no le gusta deja de comprarlo y si un político no le satisface ve como un anacronismo que tenga que aguantarlo durante cuatro años de legislatura.



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