La madeja de hilo del Logroñés CF estaba totalmente enredada, al borde de tener que meter la tijera en profundidad para deshacer el lío. Cuatro derrotas consecutivas habían destrozado el sueño de tener al menos un traje aseado para el final de temporada. Y después de tropezar en las modestas pasarelas de Peralta y Alfaro, el Logroñés CF se dio cuenta de que necesitaba ponerse el mono de trabajo si quería lucir más que un Badalona vestido de manera similar a la de los mejores conjuntos de la liga.
Y el buzo de obrero le sentó muy bien al equipo. Durante la semana el diseñador Carazo se centró en arreglar los bajos de un pantalón excesivamente grande. El equipo intentaba desfilar como no sabía, y había que cambiar el concepto inicial para mejorar el producto final. Y ayer el equipo lució unas prendas más acordes a sus recursos. Ropa más modesta para una plantilla sin medidas de modelo.
Y ese retorno a la ropa de mercadillo le sentó muy bien al conjunto riojano. Encontró el modo adecuado para superar a su rival, y lo mejor es que lo supo llevar a efecto. Del Puente mostró el camino a seguir con dos acciones de mérito. Se movió en los espacios adecuados, en las zonas decisivas del campo para hacer daño a la defensa rival. Y si por detrás tienes a un jugador que está capacitado para observar estos cambios, el resultado son dos buenas ocasiones.
En la primera, Del Puente recogió el balón pegado a la banda derecha para hacer lo que su técnico no se cansaba de repetir en los entrenamientos: buscar el centro del área para tirar a puerta. El balón pasó rozando el palo. Y en la segunda, Del Puente recibió un pase picado y profundo de Ibarra, el que mejor lee la posición de todos sus compañeros cuando tiene el balón en su poder, para con un leve toque con la derecha controlar el esférico, y con la zurda batir a Rubén por debajo de sus piernas. Lo más difícil estaba hecho.
El equipo había encontrado el hilo del que tirar para deshacer la madeja. Gámiz se posicionó por detrás de Nacho Castro e Ibarra para realizar una labor esencial. Fue el muro de contención que estaba necesitando una defensa desbordada por las constantes bajas. El equilibrio que aportó Gámiz lo agradecieron los centrales y también Nacho Castro, que puso la experiencia, e Ibarra, que movió el juego. Con el esfuerzo de cada miembro de la plantilla, el Logroñés CF ganó la partida en el centro del campo, y los dos interiores riojanos fueron más profundos. Los locales tenían el balón y cortaban de raíz el argumento más consistente de los catalanes, el juego al contragolpe. Sólo Blanco, tras un pase largo desde la defensa, puso en aprietos a Bermúdez en la única jugada de peligro del Badalona en la primera mitad.
La segunda comenzó con un gran susto. Manel, aplaudido en su regreso, cedió un pase en corto y vertical a David Prats, que en posible fuera de juego regateó al meta local y su disparo dio en el poste. El mono de obrero del Logroñés CF comenzaba a romperse por donde siempre.
Rectificar a tiempo
Nacho Castro perdió fuelle; y el equipo, equilibrio. Carazo intentó arreglar la costura rota colocando a Arrieta como mediapunta, y a Gámiz e Ibarra a la misma altura. Pero la costura se descosió aún más. El error lo subsanó con celeridad el técnico riojano. Tras cinco minutos con el bajo descosido, el modisto retiró a Fúriga, subió a Arrieta a la punta, y Goiria hizo las labores de enlace. Mucho más lógico.
Con el talle bien cogido, el Logroñés CF tampoco sufrió en exceso. Paró el partido con artes discutibles, pero todo vale en las pasarelas más modestas. Sólo tres rechaces consecutivos dentro del área pequeña descosieron un poco un mono de trabajo que le sienta realmente bien a este equipo.