El jueves asistió en primera línea al pleno del Ayuntamiento de Azkoitia en el que se debatió una moción sobre los asesinos de Ramón Baglietto, uno de los cuales, Kandido Azpiazu, ha abierto una cristalería en el bajo del edificio donde vive la viuda. Allí pudo escuchar los insultos que los simpatizantes de la izquierda abertzale proferían contra los compañeros de la víctima. Es lo que Maite Pagazaurtundua, presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, concejal del PSE-EE en Urnieta y hermana del también asesinado jefe de la Policía Municipal de Andoain, Joseba Pagazaurtundua -el próximo 8 de febrero hará tres años-, considera la «cultura del odio».
-¿Cómo vivió lo de Azkoitia?
-Con mucha contención emocional. Pero tenía la certeza de que Batasuna no iba a asumir su propia conducta y responsabilidad.
-¿Sintió impotencia al ver cómo arreciaban los insultos?
-Se revuelve el interior. Es una enorme contradicción que aquellos que tienen que ver con los asesinos, los que han desarrollado esa cultura del odio una generación tras otra, sean los que se sientan ofendidos y víctimas.
-No es la primera vez que ocurre.
-Una es consciente de que hay una enfermedad en esta sociedad que requiere de muchísimo trabajo. Y lo primero es darnos cuenta de que existe; hay mucha gente que intenta quitarle importancia. Hacerle frente llevará mucho tiempo y será difícil, porque va a requerir coraje de determinadas personas que hasta ahora no se han comprometido.
-¿El nacionalismo democrático?
-El nacionalismo democrático siempre ha tenido la tentación de mirar de una forma muy beatífica una posible solución al terrorismo. Sería mucho más eficaz asumir que tenemos muy interiorizada en nuestra sociedad una cultura que ha pervertido los valores, que no acepta la dignidad de según qué seres humanos ni estima como elemento fundamental el derecho a la vida de los demás. Eso es tan profundo y serio que tendríamos que asumirlo, porque darle la vuelta va a requerir incomodidad y coraje de muchas instituciones a nivel local, que es lo que el nacionalismo democrático, salvo excepciones muy honrosas, nunca ha querido asumir.
-¿Duda de su voluntad de enfrentarse al terrorismo?
-Lo que se esconde detrás de parte del planteamiento de los nacionalistas democráticos es mucho miedo a hacer frente a sus propias responsabilidades y mucho miedo en general, a nivel personal.
-¿Y cree que ahora se da esa voluntad?
-No lo sé. No creo que de forma espontánea esto esté en la agenda o en la 'hoja de ruta' de los nacionalistas democráticos. Sería un enorme avance que entrara, aunque fuese por una obligación, que no fueran cobardes. Si bien la política es política, una sociedad democrática se establece sobre unos principios, alguno de los cuales es la dignidad humana, el valor supremo de la vida y el pluralismo ideológico.
«Hace falta firmeza»
-¿Y deben aplicarse para alcanzar el fin del terrorismo?
-Para llevar adelante un buen final del terrorismo hace falta firmeza para que todos esos valores, que en una parte de la población se han pervertido, recuperen el sentido. Y debe hacerse con inteligencia para dejar algún tipo de vía de evolución a aquellos que tienen que evolucionar. El fin del terrorismo no puede basarse en hacer creer que esta cultura del odio no existe y desacreditar o marginar a las víctimas.
-¿Qué pasaría si ETA deja las armas pero no hay un cambio ético, un reconocimiento del dolor causado?
-Digamos que todo va en el mismo paquete. ETA quiere condicionar el dejar las armas a que no se le pidan responsabilidades sobre su pasado y sobre sus atrocidades, quieren que éstas queden amparadas en una especie de razones que ellos tenían. Esto es una barbaridad desde el punto de vista humano.
-¿Lo de Azkoitia es un paso en la dirección contraria?
-No supone una vuelta atrás. Lo que pasa es que, a veces, tenemos falsas imágenes acerca de la propia situación que estamos viviendo. Lo cierto es que esa cultura arraigada y socializada de falta de respeto a una parte de los ciudadanos y a la vida de los demás pervive durante muchas generaciones.
-¿Es un problema educativo?
-He tenido que conocer a muchas familias de víctimas del terrorismo y no he visto a ninguna en la que hayan enseñado a sus huérfanos el valor de la venganza. Sin embargo, en el mundo de Batasuna, generación tras generación, se ha generado el caldo de cultivo para que los niños se conviertan en asesinos. Eso es lo más peligroso, esa cultura de la violencia transmitida generacionalmente, del odio, de no ver como seres humanos a los que son tus vecinos o tus primos. Es algo que pervierte todo.
Reconciliación
-¿Será posible algún día la reconciliación?
-Hay una especie de cuestión previa, que es la de que Batasuna-ETA asuma su responsabilidad sobre el horror, y en función de cómo sea esa respuesta, el modelo del final del terrorismo puede ser uno basado en la justicia u otro basado en la impunidad. Pero no pensemos que un modelo basado en la impunidad tenga luego un desarrollo sustentado en la dignidad y la memoria. Tendremos que falsear todo lo demás, desacreditar a quienes dicen cosas como las que yo digo y convertirlos en verdaderos apestados.
-¿Cómo se conjuga el derecho a la reinserción de Kandido Azpiazu y la asunción de responsabilidades?
-Lo que resulta extravagante y cruel es que se le haya ocurrido comprar una cristalería debajo de la casa de la víctima. En una sociedad normal y sana no hubiese sido posible, porque esa sociedad hubiese funcionado explicando a este caballero que no podía hacerlo. ¿Nos podemos imaginar que un señor que haya asesinado a una criatura ponga luego un negocio debajo de la casa de los padres? Nadie le está exigiendo nada extraordinario a este señor, pero tiene una responsabilidad económica.
-¿Tendría que pedir perdón?
-Sería muy bueno desde el punto de vista social que se arrepintiera de algún modo. Pero no le estamos pidiendo eso. Lo que estamos diciendo es que los mínimos principios que tienen que ver con la dignidad de los seres humanos se respeten. Puesto que ya no podemos traer a la vida al hombre asesinado, por lo menos, no generemos crueldad extraordinaria para la familia del asesinado.
-¿Después de lo ocurrido el jueves, teme que, como el propio Azpiazu sostiene, el pueblo esté con él?
-Lo que sabemos es que la sociedad vasca está muy atemorizada, la gente tiene muchísimo miedo a tener problemas. Las propias instituciones locales son las que han demostrado que más miedo tienen a hacer frente a esa minoría tan bien organizada y tan acostumbrada a asustar y amedrentar.