El presidente de la Fundación Sabino Arana, Juan María Atutxa, previno ayer, en su discurso en la ceremonia de entrega de premios de esta entidad, contra quienes en Euskadi «añoran» las «grandes hazañas bélicas» y creen «que en la épica está nuestro futuro» y también contra aquellos que, «desde otras posiciones, creen que la fuente de su presente está en imperios y reconquistas». El ex presidente del Parlamento vasco advirtió, tras recordar que se cumplen setenta años del estallido de la Guerra Civil, de que quienes se guían por esos valores «no están en la mejor posición para protagonizar nuestro futuro».
Atutxa criticó que lo que se estima elogioso cuando proviene de un Estado se vea como una «extravagancia» si llega de una sociedad que, como la vasca, «carece del privilegio de hacer ondear su bandera frente a la ONU». Así, instó a «desacralizar modos de organización y conceptos políticos que, por viejos, han dejado de tener el más mínimo sentido».
En parecidos términos se expresó el ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, al recoger su galardón, en reconocimiento a su trayectoria al frente del Ejecutivo catalán. Pujol lamentó que el pensamiento imperante en Europa pretenda que las lenguas y culturas «no identificadas estrictamente con los estados no existen».
En una comparecencia con el resto de los premiados, Pujol insistió en que el Estatuto que se aprobó en el Parlament seguirá siendo «referente, horizonte y objetivo» pese al alcuerdo alcanzado entre su sucesor, Artur Mas, y José Luis Rodríguez Zapatero. Advirtió de que, aunque el texto acordado es «mejor» que el aún vigente, «no será para muchos años» porque las reivindicaciones nacionalistas persiguen otro «techo».
En la misma rueda de prensa, el obispo emérito de San Sebastián, José María Setién, también premiado, aseguró que la Iglesia vasca «no pondría ningún reparo» a actuar de mediadora en un eventual proceso de paz «si previamente las partes hubieran llegado a la convicción de la necesidad de una solución dialogada».