En el primer escrito presentado por Batera para la moción en el Ayuntamiento de Azkoitia señalaban que, «como creemos en la reinserción y viendo los pasos que han dado Kandido Aspiazu e Iñaki Zuazolazigorraga, reivindicamos su derecho a reorganizar sus vidas». Sin duda, la pretensión de esta moción fue modificada por la presión del comisionado para las víctimas, señor Peces-Barba, Maixabel Lasa y por diferentes grupos sociales, pero el señor Asier Aranbarri, como otros alcaldes nacionalistas, por actos similares van dejando sus vergüenzas al aire. Aunque por fin la moción se presentó, menos vergonzante, es fiel reflejo de la equidistancia nacionalista. Naturalmente que Kandino e Iñaki tiene derecho a reinsertarse o a reorganizar sus vidas, pero ¿a costa de violentar la vida de las familias de las víctimas que ocasionaron, sin arrepentimiento, sin reconocer el daño y el sufrimiento causados o que causan, sin cumplir la condena de la indemnización impuesta? Aspiazu tiene derecho a reinsertarse y a rehacer su vida, pero ¿debajo de la casa de la viuda del que asesinó? ¿No es un posicionamiento humillante para quien sigue sufriendo? El alcalde de Azkoitia, como el le hendakari y todos los nacionalistas buenos, dicen que 'se solidarizan con las víctimas' e incluso que los victimarios tienen que desaparecer, pero no se comprometen en ello. Con estos posicionamientos, el proceso de paz ni ha comenzado ni podrá comenzar.