El expediente deportivo de Óscar Téllez con el Alavés se presenta irrepetible. En siete temporadas y media en el club, el capitán albiazul ha vivido dos ascensos a Primera División, su estreno con la selección española y la vibrante final de la Copa de la UEFA en Dortmund. Su figura, pese a los repetidos roces con el club y los diversos entrenadores, ha quedado ya asociada a los mejores momentos de la historia alavesista.
Téllez llegó a Vitoria procedente del Pontevedra, desde Segunda B, como un auténtico desconocido. Era la temporada 1997-98 y aquel equipo sin pedigrí obtuvo con Mané el ascenso a Primera. El central madrileño, junto a Álex o Alfonso, Berruet, Karmona y Dacosta, formó una defensa sin fisuras que escoltó a Leal, portero menos goleado de aquella campaña. Con un desparpajo sin límite y un manejo del balón espectacular para un defensa, ya apuntó que se trataba de una auténtica joya futbolística.
El Valencia también vio ese resplandor y lo contrató. Pero apenas contó en el equipo 'ché' y tras una breve cesión al Villarreal, Téllez regresó al Alavés. De nuevo al abrigo de Mané -su mejor valedor- volvió a despuntar. Colaboró a la primera clasificación de la historia albiazul para la Copa de la UEFA, coronada un año después con la inolvidable final frente al Liverpool. Una temporada redonda, la 2000-2001, que le llevó a la selección española apenas un año antes del Mundial de Japón y Corea. Sin embargo, sus expulsiones en la Liga y una bajada de rendimiento le dejaron sin opciones para la gran cita.
Sufrió dos años después, en la campaña del descenso, tras ser apartado del equipo por sobrepeso. Y también la pasada, donde no ofreció su mejor nivel pese a estar sobrado de calidad para la Segunda División. Pese a ello, Téllez contribuyó a su segundo ascenso con el club a la máxima categoría. Ahora, su futuro como alavesista es más que una incógnita.