El Correo Digital
Miércoles, 1 de febrero de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Visita obligada
La expectación que ha levantado la visita del presidente del Gobierno a Ceuta y Melilla es el mejor indicativo de que más allá de lo que debería ser un protocolario viaje oficial subyacen las necesidades irresueltas de las dos ciudades autónomas. El hecho de que en veinticinco años Rodríguez Zapatero sea el segundo jefe del Ejecutivo que cruza el Estrecho, que Aznar acudiera únicamente en calidad de presidente del PP en campaña electoral y que el propio rey Juan Carlos nunca lo haya hecho son datos suficientes como para confirmar lo resbaladizo de ese terreno español insertado en el Magreb. Y precisamente por todo ello el viaje del presidente ha de entenderse como positivo.

La visita presidencial, que no ha sido 'precalentada' por las autoridades marroquíes con sus habituales gestos de hostilidad, debería centrarse en afrontar de raíz aspectos de carácter estratégico para España, como los problemas derivados de la inmigración ilegal, el intercambio comercial y la reclamación de soberanía de Marruecos, que genera una permanente incertidumbre en los habitantes de ambas plazas. Rabat ha agitado históricamente la cuestión de las ciudades autónomas para utilizarlas como instrumento de presión cuando perseguía algún objetivo político o quería condicionar la voluntad del Gobierno español en cuestiones como la autodeterminación del Sáhara o las negociaciones sobre la pesca. A la vista de la normalidad con que Rabat parece estar asimilando la visita -excepto la declaración formal calificándola de 'inoportuna'- da la impresión de que el reino alauí ha desplazado este tema de sus prioridades nacionales por el momento. En cualquier caso, la iniciativa presidencial debe ser valorada por cuanto cumple una promesa realizada públicamente y lo hace en un momento en que los ciudadanos de Ceuta y Melilla necesitaban un respaldo expreso oficial para aliviar las tensiones de los últimos meses y recibir una dosis de optimismo para el futuro. El presidente sabe perfectamente cuáles son las necesidades de ambas ciudades -seguridad de las fronteras y mejora de las comunicaciones con la península- y el papel que éstas pueden jugar como motor socieconómico del Norte de África. Y la respuesta que les dé calificará definitivamente el sentido de este viaje.



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