Tan necesitados están los representantes de Esquerra Republicana de Catalunya de volver a ser el oscuro objeto del deseo de la Generalitat, el Congreso de los Diputados y del interés del mundo mundial, que al portavoz Puigcercós le faltó tiempo ayer para encaramarse a un micrófono y desviar la atención hacia el ministro Jordi Sevilla. El mismo que había guardado tan prudente silencio mientras se mantenían las tesis más radicalizadas del Estatuto catalán, ahora que el globo de ERC está cada vez más pinchado, vuelve a la escena y su metedura de pata no ha podido llegar a ser más profunda.
Hasta el zancarrón. Cuando destacaba Jordi Sevilla el perfil de su compañero Montilla, un 'charnego', luego imposible sustituto de Maragall como presidente del Gobierno catalán, se lo estaba contando al representante de CC OO en una charla privada. Y seguramente destacaría esa condición con la misma naturalidad que en Euskadi se constata que nunca, hasta la fecha, un Fernández ha podido ser lehendakari, (y eso que uno llegó a soñar con esa posibilidad). Y lo de López, aunque sea el de Patxi . está todavía por ver.
El caso es que los micrófonos volvieron a jugar una mala pasada al representante del gobierno socialista. Y nos enteramos que un político tan cabal como Sevilla ha llegado a interiorizar la fiebre nacionalista como alteración propia. Hasta el punto de que, ojo al dato, el obstáculo de Montilla para llegar a ser el nuevo presidente de la Generalitat no es de gestión ( la deuda condonada de la Caixa en plena OPA de Endesa, por ejemplo) sino de DNI ( es de Córdoba) .
El mejor secreto es el que no se cuenta, pero cuando se trata de abordar una crisis tan descomunal como la que ha abierto Maragall y agravada por el propio Zapatero con su cambio de socio con nocturnidad, alevosía y conspiración con Mas, cualquiera mantiene la boca cerrada. Y cuando se proporciona tan escasa información desde La Moncloa, es lógico que las paredes hablen. Lo más inquietante ya para quienes fueron los números uno hace tan sólo un año, es que ven que les están haciendo el pasaporte a toda prisa. A los dos.
De ellos se está oyendo de todo. Desde que nadie es imprescindible ( vaya cura de humildad) a que en los corrillos palaciegos socialistas se hable del sustituto del Honorable con toda naturalidad. Van cayendo los ídolos de barro. Carod , sin cargo pero con voz; con llave y sin cartera, sin voto pero con toalla, mientras el PP escenifica su protesta contra el Estatuto catalán, del que todavía se sabe poco, con una iniciativa de dudosa eficacia.
Pero de lo que Rajoy no tiene ninguna duda es de que la unidad de España está en peligro. Se remite al artículo segundo de la Constitución. Pero también suena a mito caído. t.etxarri@diario-elcorreo.com