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Marruecos «deplora» la visita de Zapatero a Melilla
El presidente del Ejecutivo español reclama la ayuda de la UE y el Magreb contra la inmigración ilegal
Marruecos «deplora» la visita de Zapatero a Melilla
VIAJE HISTÓRICO. Un grupo de melillenses recibió a Zapatero a la entrada del Palacio de la Asamblea, sede del Gobierno de la ciudad norteafricana. / AFP
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José Luis Rodríguez Zapatero reclamó ayer en Melilla la colaboración de Europa y los países del Magreb para afrontar el fenómeno de la inmigración ilegal, y se comprometió a reforzar las medidas de seguridad para impedir las avalanchas de 'sin papeles' hacia la valla de la ciudad norteafricana. Tras reunirse con el presidente autonómico, Juan José Imbroda, el jefe del Gobierno reconoció en público el trabajo de los funcionarios, los ciudadanos y las organizaciones no gubernamentales que han tratado de ordenar la inmigración legal, de garantizar la seguridad y a la vez respetar los derechos humanos de los subsaharianos que saltaron la valla en los últimos meses de 2005.

La crisis de las avalanchas estuvo muy presente en toda la visita de Rodríguez Zapatero, que se comprometió a reforzar las medidas de seguridad, a incrementar la atención a los extranjeros y a mejorar la colaboración con la Unión Europea y con «los países vecinos». El Gobierno cree que la inmigración ilegal es un problema «de todos» y reclamó por ello la ayuda tanto de los países de origen de los inmigrantes como de los de destino para canalizar los flujos de trabajadores.

Rodríguez Zapatero se convirtió en el segundo presidente del Gobierno que visita la ciudad norteafricana desde que en 1980 lo hiciera Adolfo Suárez.

«Presidios ocupados»

Un viaje que no ha agradado a las autoridades marroquíes. El portavoz del gobierno marroquí de coalición, Nabil Banabdelá, calificó de «inoportuno» el desplazamiento y argumentó que «no cambia para nada la naturaleza del problema», que según dijo mantienen Marruecos y España.

«Rabat reivindica la marroquinidad de las dos presidios y, dado que las posturas son sabidas, sólo podemos deplorar esta visita», añadió el portavoz gubernamental. En la terminología oficial marroquí, las referencias a Ceuta y Melilla se hacen siempre como «presidios ocupados» o «ciudades marroquíes ocupadas». Los dos principales partidos marroquíes, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP) y el Istiqlal (PI), también han criticado la visita.

No han sido los únicos en mostrar ciertos recelos al viaje de Zapatero. De hecho, el PP, que gobierna la ciudad, acogió con escepticismo el anuncio de la visita. El jefe del Ejecutivo afirmó ante Juan José Imbroda, presidente de la ciudad, que «la mayoría de melillenses sí querían» que realizara el viaje, y se mostró convencido de que quienes le acusaron de no cumplir su palabra «buscaban rentabilidad» partidista porque, puntualizó, su presencia en Melilla supone el cumplimiento del compromiso que adquirió en el debate sobre el estado de las autonomías celebrado el pasado noviembre.

Rodríguez Zapatero se empeñó en desmentir que, como sugirió Imbroda, hubiera ido a la ciudad sólo para hacerse una fotografía y presentó un paquete de mejoras. El anuncio más aplaudido fue la creación de un hospital de uso conjunto militar y civil en dependencias del Ejército. El centro sanitario, para más de 200 camas, costará 55 millones de euros y empezará a construirse en 2007.

El presidente del Gobierno se comprometió a mejorar las plantas desaladoras para garantizar agua las 24 horas del día, y anunció la edificación de 1.200 viviendas de protección oficial, nuevos centros de educación infantil y primaria, un conservatorio profesional de música y una escuela oficial de idiomas.

También prometió nuevas rutas de navegación rápida para cruzar el estrecho, y mostró la disposición del Gobierno a firmar con la administración local un convenio de 7,5 millones de euros de inversión media anual en las carreteras de la ciudad. El presidente del Gobierno no aludió en ningún momento de su visita a la españolidad de Ceuta y Melilla. Sí lo hizo Imbroda, que recordó que la ciudad «no es un apéndice de España, sino parte de España» donde 150.000 habitantes demandan «ayuda justa y solidaria».




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