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parricidio
El fiscal pide 23 años para el hombre que asesinó a su hijo de 3 en Adurza en 2004
La asociación Clara Campoamor le reclama 30 años de cárcel, la pena máxima
El fiscal pide 23 años para el hombre que asesinó a su hijo de 3 en Adurza en 2004
Dos empleados de una funeraria trasladan el cadáver. / IOSU ONANDIA
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La Fiscalía de Vitoria ha solicitado 23 años de prisión para Pablo C.C., de 43 años, el hombre que, según su propia confesión, asesinó a golpes a su hijo de 3 en un piso situado en la calle Campo de los Palacios, en el barrio vitoriano de Adurza. El parricidio ocurrió en la noche del 4 de agosto de 2004, horas después del comienzo de las fiestas de La Blanca y su descubrimiento causó una profunda conmoción en la ciudad.

Pablo C.C., que será juzgado por un tribunal popular en una fecha aún no concretada, se enfrenta además a una petición más elevada. La asociación Clara Campoamor, que ejercita la acción popular en el caso, le reclama 30 años de presidio, la pena máxima que puede cumplirse en España.

Por su parte, la defensa postula su absolución y su internamiento en un centro médico, en aplicación de la eximente completa de «enajenación mental». De forma subsidiaria pide que le apliquen la atenuante de drogadicción, o bien la de arrebato u obcecación, y le condenen a 2 años y 6 meses.

En su informe de conclusiones provisionales, el fiscal resume los antecedentes de la tragedia. Así, relata que el acusado y la madre de su hijo Iraitz rompieron su relación sentimental debido, entre otras cosas, a la adicción a las drogas que él sufría. No en vano, Pablo «consumía hachís desde los 12 años; cocaína, desde los 14 y heroína, desde los 16». Y, en la época de la ruptura, se inyectaba a diario «un gramo de cocaína» y fumaba «unos tres porros».

El 4 de agosto de 2004, sobre las cuatro de la tarde, la madre llevó al niño al domicilio de Pablo para que pasara con él el día festivo. En la vivienda estaba también la madre del acusado, quien le entregó el único juego de llaves que había en la casa, pese a que otro hijo, que se hallaba de vacaciones, se lo había prohibido.

Se preparó una coartada

El imputado decidió ir con su hijo al centro de la ciudad. Primero le llevó a un bar del Casco Viejo, donde compró un gramo de cocaína. Tras adquirir una jeringuilla en una farmacia, se fue con él al parque de la catedral nueva y se sacaron unos fotos antes de dirigirse a las barracas.

Regresaron a casa hacia las 19 horas y, tras dejar a su hijo jugando con una Play Station, se inyectó medio gramo de cocaína. El fiscal sostiene que horas después, entre las diez y las doce de la noche, Pablo golpeó «infinidad de veces» al menor con varios objetos hasta causarle la muerte.

Acto seguido, se dedicó a preparar un 'escenario' para tratar de hacer creíble la coartada que había ideado. Así, trató de hacer ver después a la Ertzaintza que unos desconocidos habían irrumpido en su casa y les habían atacado. Para ello, se causó heridas superficiales, manchó de sangre todas las habitaciones y manipuló la agenda y la fecha y hora del teléfono móvil que le había dejado su madre. No le sirvió de nada y acabó confesando su terrible crimen.




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