Avanzó el TAU sobre el alambre y esa temeridad casi le costó un serio disgusto. Más grande si se echa un vistazo a la hoja del calendario. La 'décima' en la Euroliga nació de una noche alocada, irreflexiva y -por momentos- casi surrealista. No es que el Bamberg, revelación del presente torneo, impusiera una batalla extenuante. O que se aplicara con un ardor asfixiante. Es que contagió con su delirante ritmo a un Baskonia que se descontroló hasta el límite. Al menos, cuando alcanzó la fase decisiva, al cuadro de Perasovic le bastó con engarzar una ristra de lucidas acciones con otros tantos ramalazos de fortuna. Ese oficio, ganado a pulso en canchas de media Europa, le permitió salvar el cuello. Y atisbar el podio del Grupo A.
Lo tiene enfrente. A unos centímetros de su cara. Este merecido premio, vista la baja calidad del lote, podría llegar por una doble vía. La primera oportunidad aguarda esta misma noche. Siempre, eso sí, que el Climamio se decida a provocar un infarto colectivo entre su recalentada hinchada y caiga con el Estrasburgo. Como esa hipótesis se antoja más el sueño de un loco -hace año y medio que no tropieza en el hirviente Paladozza- la lógica apunta al próximo jueves como la fecha en la que el TAU selle su billete de primera al Top 16. Le bastará con ganar a los galos. En el Buesa Arena. Entre amigos.
Mucho que perder
Para ganar ayer en el Nürnberger Arena, el Baskonia tiró de su lado menos estético. Rozó la taquicardia. Más por los errores propios que por el suave veneno del GHP Bamberg. El TAU mostró su lado más terrenal, pero ganó. Al final eso es lo que importa de esta salida a un territorio casi inexplorado.
No en vano, este compromiso escondía un peligro oculto. Era uno de esos envites en los que el grande -léase el Baskonia- tenía mucho que perder y casi nada que ganar.
'Peras' concedió las riendas a Ukic en la salida. Y el joven valor no chirrió, aunque su dirección tampoco dejó demasiados recuerdos. El caso es que el plantel vitoriano enseguida dio muestras de moverse a disgusto. Scola, peleado con el aro. El equipo -salvo Splitter- demasiado fallón desde el tiro libre. Y con la línea de tres vetada. Las manos rápidas atrás, el mercurio del brasileño, las penetraciones y el corazón de Erdogan le mantuvieron siempre en la proa. De hecho, el inquieto Bamberg nunca logró adelantarse. Ni una sola vez en los cuarenta minutos.
Pese a ello, el TAU sufrió por el triunfo. A cada intento de escapada -protagonizó varios, alguno tan sonado como el 29-41 en el minuto 23- le siguió una caída. O un latigazo germano que le situaba junto al cogote azulgrana. Así una y otra vez.
La persistencia local obligó al Baskonia a probar soluciones nuevas: como la presión a todo el campo que transmutaba en una zona 2-3. La escuadra de Bauermann sorteó una trampa tras otra. Unas veces con acciones estrambóticas. Otras, amparado en alguna mano bendita, en especial la del eléctrico Mallet. Todo para llegar al tramo decisivo en la distancia (62-65, minuto 38). Con más nervio que cabeza.
En ese amago de terremoto, el Baskonia recobró el pulso. Primero fue Hansen, con un afortunado triple, quien allanó el camino. Pero el Bamberg volvió a levantarse gracias a un tiro similar de Garrett.
66-69 y 48 segundos por disputarse. Lucido el grande. Acalorado el pequeño. Ahí se mostró fiable el Baskonia. Superior. Y encima reconciliado con los tiros libres. Prigioni y Splitter terminaron de sentenciar desde la línea de los 5.20 metros, colocando al inquilino del Buesa Arena a unos centímetros de la primera línea de salida en el Top 16. Si el imprevisible Estrasburgo no lo impide, claro.