'Se vende', 'Se alquila'. Los carteles pegados en las lonjas del Casco Medieval de Vitoria conforman un mosaico que se exhibe por casi todas sus calles. Son las mismas arterias en las que los dueños de las tiendas y bares reclaman una intervención del Ayuntamiento que relance «ya» la actividad comercial del corazón de la ciudad. «Esto se muere», advierten contrariados. La descarnada situación tiene cifras concretas. Uno de cada cinco locales del barrio está vacío. Y es que en estos momentos 168 de las 800 lonjas del barrio están en desuso, según un recuento a pie de calle realizado por EL CORREO. 59 de ellas tienen en sus fachadas anuncios de inmobiliarias.
Comerciantes, hosteleros e inmobiliarias consultados por este periódico aseguran que la zona «está parada» y por este motivo los precios de venta y alquiler no sólo llevan años congelados, sino que «están bajando», y los locales cuestan ya la mitad que en zonas como Salburua, Zabalgana o Lakua. En concreto, el metro cuadrado se paga a 900 euros de media si se decide comprar -el doble si son bares- y a 6 euros si se opta por alquilar.
A la hora de explicar las causas de esta situación, minoristas y promotores lo tiene claro. En primer lugar consideran que el barrio «no es un lugar de paso atractivo» para los ciudadanos. Este inconveniente lo relacionan directamente con la falta de un aparcamiento. Lo hacen conscientes de que el Consistorio está inmerso en pleno debate sobre cómo revitalizar la 'almendra', lo que incluye la instalación de las rampas mecánicas -que se colocarán este año- y la construcción de un párking en El Campillo. El concejal de Comercio, Fernando Aránguiz, reconoce que «la cifra de lonjas vacías está ahí, pero en los últimos años tampoco ha aumentado. El Ayuntamiento es consciente de esto y sigue trabajando. Queremos definir una estrategia clara y hacer inversiones que atraigan a los vitorianos al barrio».
«No viene nadie»
Quienes trabajan en la zona muestran su particular visión. «Esto va de mal en peor, no viene nadie. Y al que llega en coche le multan. Necesitamos un párking», afirma Ramón Talegón desde su mostrador de la calle Barrancal. Javier Mendoza, presidente de la asociación de comerciantes del barrio, exige al Ayuntamiento que compre locales «y que tras reformarlos los ponga en el mercado a buenos precios. Instalar rampas mecánicas ayuda, pero si no ponemos nada atractivo en la calle van a quedarse en una simple anécdota». César Hernández, que desde 1992 regenta el bar El Callejón de la Pintorería, lamenta que la hostelería actual «está obsoleta y el bajón de público ha sido bestial. Aquí no hay vida».
Las empresas que realizan compra-venta de lonjas y los particulares que venden por su cuenta sus establecimientos son otro referente al hacer una radiografía del sector. Jaime Rubias, presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria, dice que el Casco Medieval «se ha convertido en un cementerio de locales y los que están de alquiler renegocian las rentas a la baja».
El propietario de una lonja en venta lamenta que jamás consiga un comprador y que su local no se revalorice. «Sólo quiero quitármela de encima», apunta.