La donostiarra Lourdes Fernández, hasta ahora conservadora de la colección de arte del grupo Vocento, tomó ayer el relevo de Rosina Gómez-Baeza al frente de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid (Arco). La exdirectora de la galería DV de San Sebastián y responsable de la bienal Manifesta que se celebró en 2004 en la capital guipuzcoana, pide un tiempo para reflexionar sobre el camino que debe seguir la feria madrileña, una vez superados los 25 años de existencia.
-Pido un tiempo de reflexión. Sería imprudente decir ahora cuáles van a ser las directrices de mi trabajo. Me he dado cuenta, en el poco tiempo que llevo aquí y tras hablar con las galerías, que el gremio se merece una profunda reflexión de lo que han sido estos 25 años y lo que tenemos que ser a partir de ahora. El objetivo número uno es reflexionar, no mucho tiempo, sin ocultismo, con charlas con las galerías y con otros agentes implicados. En un par de meses tenemos que mostrar una estrategia. ¿Ruptura o continuidad? Evolución y ésta requiere tiempo. Se podría hablar de hacer una ITV para ver qué falla y qué está bien.
-¿No le da vértigo este mundo artístico con tantos intereses?
-Son distintos el mundo del arte y el del mercado. En este último sí hay muchos intereses, pero existen en todos los aspectos de la economía. El arte tiene el problema de la intangibilidad.
-Se cierra un ciclo de 25 años y se abre un tiempo nuevo marcado por la nueva dirección. Algún sello propio tendrá que darle.
-La reflexión quiero centrarla en cómo el mercado tiene que asumir las nuevas formas de arte. El arte ha cambiado en sus técnicas, en su forma de presentarse, en su multidisciplinaridad. Los modos de producción son diferentes y esto hay que adaptarlo al mercado o, mejor dicho, el mercado debe adaptarse a ese nuevo camino. También hay que estudiar bien todo el tema del coleccionismo. El español hasta ahora ha sido incipiente, pero gracias a los 25 años de Arco esa etapa se ha superado. Hay interés por el arte. Igual falta cierta madurez y ése es nuestro reto. Las galerías quieren que Arco funcione y la manera de hacerlo es a nivel comercial, mercantil, porque es un mercado del arte, no es un museo ni un proyecto sin ánimo de lucro, es la feria de las galerías.
Masificación
-Uno de los aspectos más cuestionados de Arco es la masificación con público no cualificado. ¿Va a tomar alguna medida?
-También se lo propuso Rosina. Hay que ser estrictos con las galerías y con el público. Sucede que hay tanto interés por visitar la feria que debemos buscar un equilibrio. Parte de la profesionalización pasa por restringir el número de visitantes, pero también parte de la popularidad de la feria pasa por absorber a la gente que viene de toda España en autobuses, sobre todo de facultades de Bellas Artes. No puedes evitar que vengan. Hay que buscar una fórmula para seguir atrayendo a esa gente, pero sin molestar al profesional. No es fácil.
-Puede suceder lo contrario, que la balanza se incline hacia el lado de la elite y pierda ese carácter cultural popular.
-Yo no lo llamaría elite, sino profesionalización. Aquí, en Ifema, hay muchas ferias muy populares. Simo, donde se presentan las novedades tecnológicas, además de ser profesional tiene mucha repercusión porque todo el mundo quiere saber cuál es el último teléfono móvil. Lo mismo sucede con los automóviles o con Fitur. En el caso del arte es muy difícil para el galerista vender una pieza a un coleccionista mientras está rodeado de mucho público que sólo va a mirar. No se trata de restringirla a la elite, sino de buscar un equilibrio.
-¿Y qué medidas se podrían tomar?
-Algunas ya se han tomado como poner la entrada a 35 euros, que es carísima. Quiero hablar con las galerías para conocer cuáles son sus propuestas. Podrían ampliarse los días dedicados a los profesionales para que puedan trabajar.
-Otro de los caballos de batalla es el polémico comité de selección de galerías.
-Hay una ley y unos estatutos de ferias que hay que cumplir. La selección de galerías la organiza el comité compuesto por 16 galerías. Si hay seiscientas peticiones, los miembros puntúan del 1 al 600 según distintos aspectos. Puede que el más conflictivo sea el de la calidad de lo que se expone. En época de crisis el nivel baja porque hay muchas galerías que no acuden; en momentos boyantes sube el nivel y muchas españolas se quedan fuera. Por ejemplo, el año pasado, con México como país invitado, quisieron venir muchos establecimientos de Sudamérica. Además, quiero dejar claro que la directora no tiene voto, sólo voz.
-Se comenta que las galerías extranjeras que vienen no son las más importantes. Faltan más representantes de grandes centros del arte como Nueva York y Londres.
-El problema no es geográfico sino de contenido. Es un trabajo que también requiere mucha reflexión. Uno de los retos que tenemos ahora es que Arco adquiera una personalidad propia porque el panorama artístico internacional ha cambiado mucho desde cuando comenzó, en los años 80. El momento económico en España era muy bueno y no había tantas ferias internacionales. Encontró un lugar y ha sabido mantenerlo muy bien. Pero Miami ha absorbido todo el mercado latinoamericano y ahí se perdió una oportunidad. La feria de Londres aglutina galerías de un nivel altísimo y además es un centro financiero. Arco se debe resituar en una nueva realidad donde hay mucha competencia.
Los excluidos
-Este año ha surgido ArtMadrid, denominado 'el salón de los excluidos', como una alternativa a Arco. ¿Cómo ve esa competencia?
-El mercado es libre, pero comenzar con la filosofía de ir contra otro no me parece correcto. Si tienes la suficiente fuerza no hay que preocuparse por la competencia. Se pueden cubrir vacíos, pero no plantearlo como una guerra.
-¿Si no estás en Arco no eres nadie?
-Yo he sido galerista periférica y sé que si no estás en Arco tienes que hacer mucho más esfuerzo en contactos e intercambios, eres como Juana de Arco. Sí es verdad que hay como una ansiedad por estar en esta feria y luego no se aprovecha.
-¿Qué ha tenido que ver Manifesta para que esté ahora al frente de Arco?
- Creo que mucho. Tuvo una proyección y una aceptación internacional, no tanto local, aunque ése es otro tema. Además, fue polémica y yo no me doblegué ante las críticas. Eso tuvo un precio, mi cabeza. Estoy tranquilísima porque el discurso de Manifesta fue un éxito. Es cierto que podíamos haber puesto más énfasis en lo local. Me hago esa autocrítica.