Los alaveses envejecen, pero no siempre en las mejores condiciones. Mientras unos disfrutan de su jubilación con los viajes del Imserso o el cuidado de su huerta, otros necesitan la ayuda constante de otra persona para levantarse de la cama o la silla, ir al baño, vestirse, salir a la calle o hacer las labores de la casa. Uno de cada seis mayores de 65 años de la provincia es dependiente, según se recoge en el Mapa de Necesidades Sociales elaborado por la Diputación y al que ha tenido acceso EL CORREO.
Es decir, de los casi 49.000 ciudadanos de la provincia ya jubilados, unos 8.000 permanecen en cama, tienen sus funciones mentales alteradas, no pueden valerse por sí mismos o se sienten incapaces de realizar las tareas de la casa. En Álava, 2.200 mayores -sobre todo los que padecen una grave dependencia- viven en geriátricos. El resto se arregla por sí solo, con el apoyo de sus familiares o con las auxiliares a domicilio, que ya atienden a otras 2.400 personas.
¿Está bien cuidado este colectivo? Ainhoa Domaica, diputada de Bienestar Social, cree que sí y recuerda que Álava está «a la cabeza» de Euskadi y de España en capacidad residencial «y se encuentra muy cerca de los ratios europeos». Así, la provincia dispone de 2.700 plazas -incluye geriátricos, viviendas comunitarias y pisos tutelados-, lo que equivale a 5,6 camas por cada 100 personas mayores. El 57% de las plazas son públicas y el resto privadas.
Pero el territorio no puede dormirse en los laureles, máxime cuando ya se conoce que en diez años rozará los 10.000 habitantes mayores de 85 años. «Hay que seguir avanzando y tomar medidas», admite Domaica.
Asistencia «a la carta»
La diputada asegura que sus bazas de futuro son las de mantener la «universalidad» de los programas de cortas estancias y de ayuda a domicilio y la de reforzar las iniciativas que permitan a los ancianos vivir el mayor tiempo posible en su entorno familiar. Además, se incrementarán las plazas de residencias. Así, antes de 2007 habrá 134 camas más en Salvatierra, Laguardia y en dos geriátricos en Vitoria, y 90 plazas nuevas de centros de día o rurales, avanzó la titular de Bienestar Social.
Otro de los retos es el de «dar asistencia a la carta» a cada usuario de los centros de día. «Pretendemos que no todo sean actividades socioculturales y que haya más cosas», indicó. La primera prueba se llevará a cabo en Alda, en el Valle de Arana, el municipio más envejecido de la provincia, donde nada menos que cuatro de cada diez vecinos -el 39% de su población- sobrepasa la edad de los 65 años.
«Son pueblos alejados, cuyos vecinos están muy ligados al campo y son reacios a salir de su entorno e ir a una residencia en Vitoria. Además, las mujeres jóvenes han descartado dedicarse a la ganadería o a la agricultura y se han ido a la ciudad, con lo que la natalidad es muy baja», explica Domaica. Situaciones parecidas se viven en Añana, Moreda de Álava, Valdegovía o Zambrana.
Por contra, hay municipios como Alegría que han rejuvenecido de forma espectacular en los últimos años, por el éxodo de parejas a las que les resultaba imposible pagar un piso en la capital.