«Yo quitaba del calendario los sábados y los domingos». A Simón Fernández, de 85 años, no le gusta su soledad de fin de semana, cuando el centro de día de Alda cierra sus puertas. Sin embargo, el resto de la semana, este agricultor jubilado de Ullíbarri Arana se siente feliz compartiendo tristezas y alegrías con sus vecinos Pedro Ruiz de Gordoa, José García de Vicuña, Vicenta Fernández de Leceta, Pedro Arróniz y León Querejazu 'el poeta'. Viudos, solteros, entre 78 y 90 años, todos se valen por sí mismos, pero han comprendido que acompañados están mejor que mirando sus grandes casas de labrador vacías.
El Valle de Arana, en la Montaña Alavesa, formado por los pueblos de Alda, Contrasta, San Vicente y Ullíbarri, es el municipio más envejecido de la provincia. De sus 342 habitantes, 133 pasan de los 65 años, un 39% de la población. Ante este panorama, el Ayuntamiento trata de ofrecer los mejores servicios con el apoyo de Bienestar Social de la Diputación. «Tenemos una obligación hacia ellos. Nos han legado los pueblos. Ahora nos toca a nosotros corresponder», asegura Pedro San Vicente, el alcalde. El centro de día de Alda, la antigua escuela rehabilitada y adaptada, se inauguró hace apenas 2 años. Permanece abierto de 11.45 a 17.30 horas. Los mayores comen y se entretienen y un día a la semana pueden pasar consulta médica. El envejecimiento de los vecinos ha obligado a ampliarlo con 8 habitaciones.
«Una familia»
«Formamos una familia. Los mayores quieren dormir en sus casas. Pero aquí encuentran la compañía durante el día y están atendidos», señala Marisol García de Acilu, encargada de las instalaciones.
Arana tiene tan pocos habitantes que el Ayuntamiento distribuye un calendario en el que están señalados los cumpleaños de todos los vecinos. Es el municipio-familia. Pocos pero unidos en todas las fiestas y celebraciones. «Cada alta o cada baja del padrón la vivimos como un acontecimiento o un drama», agrega el alcalde.
Cuando llega el panadero en Ullíbarri, Teodoro Ochoa de Alda, de 85 años, se junta en la cola con Maira Morocho, una joven ecuatoriana y su pequeño de 15 meses Diego. Han llegado apenas hace un mes. «Es el único niño del pueblo. Cuando yo iba a la escuela estábamos 60», sentencia Teodoro, que se alegra de ver al bebé.
Pero hay otra estampa relacionada con los mayores del Valle de Arana que tiene lugar cada martes en las piscinas de Salvatierra. Catorce personas mayores procedentes del municipio van a aprender a nadar durante una hora. Es el primer año y lo han tomado con tanta dedicación que los monitores están asombrados. «Nos encanta venir juntos y hacer ejercicio de esta manera», señala Victoria Pérez Larrén, de 71 años.
La altitud debe ser la responsable de que Vicente Pérez de Leceta, de 72 años, tenga la vitalidad de un tipo de 40. «Me levanto a las 6 de la mañana y no paro», dice este concejal, un ejemplo del mayor que no se jubila de la vida.