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Domingo, 19 de febrero de 2006
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ÁLAVA
Una noche para recordar
Una pareja con familia numerosa salió a disfrutar ¿sin niños! la noche de San Valentín con una cena en el restaurante El Portalón, gracias a EL CORREO xxxx
CENA PARA DOS. Miguel Ángel y Ana celebran el cumplimiento de su deseo. / NURIA GONZÁLEZ
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El pasado 14 de febrero San Valentín se portó. El santo del amor se detuvo en casa de Miguel Ángel Camino y Ana López, un matrimonio con tres hijos, para echarles un guiño y regalarles un pequeño sueño, un deseo íntimamente esperado que les devolvió momentos muy felices. Unas horas sin niños, un tiempo de dedicación exclusiva del uno para el otro.

Fue en una mesa del restaurante El Portalón, de Vitoria, una cena pagada por EL CORREO. Un sitio tan exclusivo, que ellos ya conocían, sirvió de preludio para un encuentro solitario de pareja. «Los que tenemos hijos sabemos que ellos centran la vida del matrimonio y que la intimidad del noviazgo se pierde. Es nuestra obligación como padres estar pendientes de ellos que lo ocupan todo y no dejan espacio para nosotros», explica Ana, malagueña, de 44 años, actualmente preparando la apertura de una tienda en la capital alavesa. «Las comidas, las cenas siempre resultan movidas con el 'niño, come' o con el 'niño no te levantes de la mesa'. Por no hablar del quebradero de cabeza del menú», agrega.

Miguel Ángel, 43 años, granadino de nacimiento, pero vitoriano desde niño, conoció a Ana en el trabajo. Por su profesión de economista-consultor de empresas, toda su vida ha viajado mucho y conoció a Ana en Málaga, en una oficina, entre papeles y llamadas telefónicas. «No fue un flechazo, sino ese roce diario que acaba enganchando al uno del otro», cuenta él.

Familia viajera

Se casaron hace 17 años y nuevamente el trabajo les puso una maleta en la puerta. Alemania, México o Inglaterra son países que conocen muy bien. Hasta el punto de que Christian, el hijo mayor, nació en Weinheim. «Echábamos de menos el sol y las comidas de nuestras madres. Pero al final acabas aclimatándote. En pareja, esa tristeza del emigrante que se encuentra con una cultura tan diferente no llega nunca. Hemos sido muy felices en el extranjero», comenta Ana.

A medida que los niños han crecido, ha sido más fácil dejarlos solos en casa alguna vez, pero siempre como algo extraordinario. Christian tiene 15 años, Andrea, 13, y Carla, la pequeña, sólo 5. Los padres nunca han sido partidarios de abusar de la generosidad de los abuelos. «Mis padres, que viven en Vitoria, son mayores y me parece que no hay que cargarlos con responsabilidades nuestras, aunque lo hacen encantados, para que nosotros nos vayamos de juerga. Y los padres de ella están en Málaga», explica Miguel Ángel.

Hay un detalle que demuestra cómo evoluciona el amor en la pareja. «Cuando te casas lo celebras todo, cumpleaños, día de los enamorados, Navidad. Cuando nacen los niños tienes que añadir tres fechas de nacimiento más. Acabas seleccionando. No puedes estar celebrando algo todos los días del año», se excusa ella.

De momento, el sueño se cumplió con una buena mariscada en El Portalón, prólogo de una noche inolvidable. El próximo deseo: «Viajar solos». Pero eso será otra historia.



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