Con la declaración de Parques Naturales de Álava se ha perseguido proteger unos espacios con un gran valor desde el punto de vista de su vegetación y fauna principalmente. Con ello se ha conseguido, con una normativa estricta, evitar su deterioro y poder mantener unos espacios naturales a salvo de la presión incontrolada de toda clase de intervenciones.
Así se controla que la fauna se desarrolle libre de presiones que en muchos casos podría suponer su degradación e incluso su extinción y que sobre la vegetación se tomen medidas similares. A ello hay que añadir que, con la información que se facilita sobre estos espacios, en los centros de interpretación existentes en ellos, se dan facilidades para poder recorrerlos y disfrutarlos. De ahí la gran aceptación que tienen, siendo muchos los miles de personas que los visitan.
¿Cómo han llegado hasta nosotros en un estado, que en el peor de los casos, puede considerarse como bueno? Pues gracias a nuestros antepasados, que supieron, con un respeto a los espacios en los que vivían, buscar un equilibrio entre usos y conservación.
Este aspecto de la convivencia de las personas y la naturaleza es lo que no está suficientemente cuidado en los parques. Si se prohíbe cualquier intervención destructiva sobre rocas, plantas y animales, ¿por qué no se tiene el mismo respeto con los testimonios de la presencia del hombre en estos espacios, no cuidando las estructuras de sus construcciones presentes en ellos, sobre todo de las más significativas?
Concretamente, en el Valle de Valderejo causa sonrojo el estado de las iglesias de los pueblos que existen y existieron en su ámbito. Iglesias en un lamentable estado de conservación, con riesgo de hundimiento.
Cuidar la huella humana
¿Cuál es el estado de estas iglesias? La iglesia de Lahoz presenta las deficiencias propias de un templo sin culto. En peores condiciones se encuentra la iglesia de Lalastra, donde la vegetación ocupa su entrada y que interiormente presenta un tremendo aspecto de abandono, con el retablo destrozado, los suelos levantados, la humedad y goteras invadiéndolo todo, con el riesgo que esto supone de su hundimiento. En cuanto a la iglesia de Ribera, no es precisamente un ejemplo de especial cuidado, a pesar de la solución arbitrada en su día, que permite la entrada al interior sin poder acceder a la zona de las interesantes pinturas góticas de la cabecera, con representaciones del Apostolado, una escena del pecado original con Adán y Eva en el paraíso, San Lorenzo con la parrilla, el martirio de San Sebastián, San Jorge con el dragón, y los símbolos de San Lucas y San Mateo. Toda esta riqueza patrimonial bien merece una especial atención.
No es nuestra pretensión proponer que se restauren todos estos templos, pero sí que por lo menos se consoliden y se dignifiquen, como una demostración de que en estos parques, además de fauna, flora y geología, existe una sensibilidad hacia un patrimonio humano, exponente de unos grupos sociales comunitariamente unidos, que supieron cuidar el espacio donde vivían, haciendo posible que este Parque de Valderejo nos lo hayamos encontrado en su actual estado, para disfrute de todos nosotros.