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Martes, 21 de febrero de 2006
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ÁLAVA
De un olfato prodigioso
La sumiller vitoriana Raquel Sánchez acudirá a la gran final del XV certamen nacional Nariz de Oro, tras quedar primera en la semifinal de la zona Norte
A POR TODAS. Raquel Sánchez, con una copa de vino. / J. RODRÍGUEZ
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EL PERSONAJE
Lugar de nacimiento: Vitoria

Edad: 34 años.

Profesión: Sumiller.

Estudios: Estudió Hostelería en la Escuela de Hostelería Diocesanas de Vitoria y dos cursos de maître y sumiller en Marbella.

En la actualidad: regenta una tienda de vinos situada en la plaza de Euskaltzaindia.

Cursos de cata: Los imparte todos los viernes en su tienda. Comienzan a las 19.30 horas. Información en el teléfono 945 24 77 78.

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Escribió Francisco de Quevedo, en una de las máximas expresiones de la poesía lírica del Siglo de Oro, un soneto que versa: 'Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa'. De haberse buscado personificar aquellos símiles al servicio del conceptismo barroco, la protagonista de esa historia hubiera sido Raquel Sánchez. Y no precisamente por el tamaño de su nariz, sino por su olfato prodigioso.

A sus 34 años, esta joven sumiller vitoriana ha llegado a lo más alto en su particular idilio con el arte vitivinícola. Y eso que, como ella misma reconoce, no ha hecho más que «despegar». Su ascenso, en cualquier caso, se prevé vertiginoso. No en vano, Raquel es ya una de las finalistas del XV certamen nacional Nariz de Oro, que se celebrará en junio en Madrid. Y no sólo eso, sino que se ha colado en la final por la puerta grande, como líder indiscutible de la semifinal disputada hace cuatro meses para toda la zona Norte. «Tuve la suerte de identificar el vino enseguida y ello me dio tiempo y confianza para preparar el informe de la cata, que recibió el primer premio», recuerda satisfecha.

En Madrid tendrá que vérselas con otros 60 sumilleres, pero el reto no le acobarda. «Es una gran oportunidad y tendré que empezar a practicar. La educación del olfato pasa por oler, oler y oler. Yo trato de buscar referencias propias en cada vino y relacionarlas», explica la joven. Pero, ¿cuáles son esos matices que convierten un caldo en un rotundo placer para los sentidos? Raquel responde sin titubeos. «Ha de ser un vino sin defectos, ni en vista ni en olfato. Y en boca, es fundamental que sea equilibrado, que sus matices -acidez, amargura o alcohol- convivan en perfecta armonía».

De Marbella a Madrid

Como los grandes cocineros, los grandes catadores asocian su afinado sentido del gusto a sensaciones, emociones o momentos, y no a un mero «me gusta, no me gusta». De ahí que también a Raquel le resulte complicado decantarse por un solo vino. «Hay tantos Depende del momento en que lo bebas. Un vino te puede encantar un día y al día siguiente, quizá no tanto. Por denominaciones, me gustan mucho los vinos del Bierzo, en la zona de León, una denominación emergente, y como no, los de 'Rioja'. Pero he de decir que la denominación de origen Rioja es tan enorme que hay vinos muy buenos, pero también muy malos», advierte la experta.

La historia de amor entre Raquel Sánchez y el vino no puede considerarse un flechazo. Al contrario, se fraguó despacio, con la delicadeza romántica de quien saborea con pausa y cautela el juego de la seducción. Estudió Hostelería en Diocesanas, pero fue Paco del Castillo -un profesor suyo en Marbella, donde recibió clases de maître- quien le contagió, poco a poco, «su cariño hacia el vino». «Terminé enganchada y regresé a Marbella para estudiar un segundo curso de sumiller», rememora.

De la capital de la Costa del Sol, con la maleta repleta de ilusiones y de posibilidades, la joven dio el salto a Madrid. El restaurante Paradis y la Asociación de Sumilleres de la capital le abrieron sus puertas. Ella consiguió el resto. Su valía y su tesón le valieron su hueco en un mundo reservado tradicionalmente a los hombres en el que Raquel, en cambio, «jamás» se ha sentido discriminada. «Siempre me han tratado de maravilla», zanja. «Aunque es verdad que los hombres son más competitivos y se saben vender mucho mejor que las mujeres. En eso deberíamos ser más listas y echarnos más flores».

Ella ya ha florecido como sumiller y desde hace un año pelea por sacar adelante el local que regenta en la plaza de Euskaltzaindia. En Vinosfera se pueden encontrar más de 200 referencias de vinos de toda España. La botella más cara -un vino de autor de Somontano- alcanza los 60 euros. Pero, ojo, no hay que dejarse guiar por el bolsillo. «La relación calidad-precio es también importante a la hora de valorar y de que te guste un vino». Tomen nota.



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