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Martes, 21 de febrero de 2006
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El brillo
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Fresas en febrero. Se adelanta la primavera en las multicolores fruterías con las cunetas alfombradas de escarcha y el asfalto como una cinta de hielo. Frío de invierno y frutos primaverales. Casi mejor que sea así en estos tiempos revueltos de revoltosas temporadas pues en vista de las alarmas hasta resulta preferible que no lleguen las precursoras golondrinas a anunciarnos la estación floreciente, que las golondrinas ya dan miedo por si traen la gripe bajo las alas. Las aves migratorias han pasado a ser pájaros de mal agüero. Se nos está poniendo la piel de gallina viendo cómo se les pone carne de matadero a las inocentes pitas y demás compañeros de corral. Sigo comiendo carne de pollo. Confío y espero confiada en los vigilantes del cielo, en los expertos que espían a las ánades de paso, aguardo sin neurastenia las medidas y advertencias de las autoridades. Todo por no renunciar a un par de huevos fritos, placer gastronómico sin par del que no hay porque privarse sin previo aviso de peligro.

Atendamos a los avisos. Las autoridades sanitarias advirtieron recientemente a los ciudadanos de Nueva Gales del Sur que comer carne fosforescente no es peligroso para la salud aunque precisaban que sería probablemente preferible abstenerse. Como en 'La guerra de los mundos' de Welles, esta vez el pánico lo sembró la radio en Sydney. Un oyente explicó en una emisión radiofónica de qué manera sus chuletas de cerdo brillaban en la oscuridad. Abría la nevera y los filetes destellaban como diamantes. Un responsable australiano de Sanidad hubo de salir al ruedo y aclarar el misterio de las costilletas relucientes. Esa extraña luminosidad, aclaró el alto cargo, es debida a un microorganismo: la Pseudomonas fluorescens, bacteria inofensiva por lo demás que se presenta en carnes y mariscos conservados a temperaturas elevadas. La Pseudomonas no es dañina en sí pero si un entrecot brilla que es un primor quiere decir que no está ese alimento en su primer frescor. Y por si acaso recomiendan tirar a la basura una paletilla de cordero que brilla. No es oro todo lo que reluce como el fresón relumbrante lustroso pero insípido del mes de febrero a precio de oro.



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