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Martes, 21 de febrero de 2006
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CULTURA
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OPINIÓN/Precoces
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De alguna manera habrá que explicar el surgimiento espontáneo en el ámbito de la música clásica de toda una pléyade de virtuosos precoces que no solo han alcanzado una notable técnica con sus diferentes instrumentos, sino también un estilo personalísimo y una fuerte personalidad escénica y comercial. Virtuosismo y precocidad, como en el caso de la flautista Sharon Bezaly, que ya fue solista a los 14 años con la Filarmónica de Israel dirigida por Zubin Mehta. O también el de los violinistas Joshua Bell, Julian Rachlin y, sobre todo, Janine Jansen, cuyas interpretaciones con los conjuntos sinfónicos de mayor prestigio son tan habituales como sus éxitos en la industria discográfica, donde además se explota con suma inteligencia la belleza y la sofisticación de su imagen física.

Muy parecido en todo a los anteriores es el caso de los jovencísimos pianistas chinos Lang Lang y Yundi Lee, ya que si el primero lo mismo puede presumir de haber interpretado con solo 18 años un concierto de Chaikovski con la Sinfónica de Chicago o de vender miles de discos con el sello Deutsche Gramophone, el segundo no desmerece la fama del anterior al haber sido el ganador más joven del Concurso Chopin de Varsovia, encima con una imagen y una fotogenia ciertamente atractiva.

Jóvenes precoces bien aprovechados comercialmente, que surgen por la asombrosa mejora de la calidad en la enseñanza musical, por los excelentes métodos desarrollados en escuelas como Juilliard, Curtis o Suzuki; por la cantera de los países del Este o los de Extremo Oriente y, en fin, por la necesidad que tiene la industria musical de llegar a públicos más jóvenes.



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