«Hoy no se puede debatir sobre el hecho de que obreros, porque eran obreros, con los derechos de las leyes europeas que hemos firmado, fueran ametrallados casi sistemáticamente. Y fueron cinco porque hubo mucha suerte», aseguraba ayer en Vitoria el cantautor catalán Lluís Llach, al reflexionar sobre los sucesos del 3 de marzo de 1976. La próxima semana, el músico interpretará el lamento con forma de cantata 'Campanades a morts' con el que ha ayudado a mantener viva la memoria de los hechos durante tres décadas. Y lo hará en el pabellón Fernando Buesa Arena, junto a una orquesta sinfónica dirigida por Enrique Ricci y al Orfeón Donostiarra.
Esos hechos suponen para Llach «un listón y medida exacta de la calidad ética de esa transición». El cantautor tiene claro que los sucesos fueron «responsabilidad del Estado, fuese quien fuese. El placer para un izquierdoso como yo es centrarlo sobre Fraga», ministro de la Gobernación en su momento. Pero Llach amplió su punto de mira, al argumentar que «es tan escandaloso que ningún responsable institucional del Estado haya pedido perdón por lo de Vitoria como que Felipe González no haya pedido perdón por el terrorismo de Estado con ministros condenados en la prisión, a los que acompañó hasta la puerta», sentenció.
Y todo ello, según el compositor «con la aquiescencia de muchas fuerzas políticas e intelectuales que no han exigido esta limpieza ética». Llach se aplicó el requisito moral en el ámbito musical, al destacar que un artista «se ha de replantear o cuestionar a sí mismo antes que nada. Y no por los años, sino por la fuerza creativa que tenga en su interior», expuso quien ya ha anunciado el fin de sus días de cantautor para dentro de un año, cuando cumplirá cuatro décadas sobre los escenarios.
«Si para mí el trabajo hubiera sido hacer 60 'estacas' -o 60 'itacas'-, me habría retirado hace muchos años», afirmó el artista ampurdanés. «Soy un esteta, y quiero acabar bien. No quiero dejarlo en manos del azar, la enfermedad o la edad», expuso Lluís Llach que, «como buen catalán», se ha reservado la posibilidad de hacer actuaciones en solitario, al piano, durante un tiempo.
Memoria
«Cuando los artistas nos preguntamos qué hacemos en este mundo y cuál es nuestro papel, quizá sea -entre otros menesteres- dejar constancia de memoria, sobre todo en mi caso que me voy para los 60», confesó. Sobre todo, en un caso como «lo de Vitoria. Es tan escandaloso por lo impoluto del caso, que no está corrompido por ninguno de los grandes temas que arrastramos en la conformación del Estado español: no hay problemas territoriales, ni nacionales, ni de izquierdas, ni de derechas». Según Llach, «estamos construyendo un futuro encima de una sarta no de mentiras sino de ocultaciones evidentes. Después, cuando llega la hora de dialogar y de hablar se nos hace casi imposible, porque no tenemos el abecedario».
El músico lamentó que la gente joven «ha olvidado que se estaba discutiendo un problema casi sindical y el Estado respondió con un verdadero terror». En su opinión, los vitorianos de menos edad han de saber que «si hay resentimiento en algunos sectores sociales de esta ciudad es por eso. Y que cuando alguna persona mayopr ve el Estado como algo represivo, sepan que es por eso. Y que si pasa un policía y gente de cierta edad lo mira de reojo, sepan que es por eso».