El 'ofertón' lanzado por E.on da un vuelco completo al sector eléctrico. Gas Natural podrá esgrimir sus doloridas quejas: ¿por qué es bueno con alemanes lo que se consideraba malo con catalanes? Pero deberá reflexionar sobre la pobreza de su oferta y acerca de la conveniencia futura de superar lo que parece insuperable. El Gobierno se queda con un palmo en las narices. Ha manejado su apoyo a la operación catalana con excesivo descaro y ahora no podrá encontrar argumentos razonables para oponerse a su nuevo contrincante.
Hablar hoy de 'acciones de oro' o de sectores estratégicos vedados a los socios de la Unión Europea resulta anacrónico y extemporáneo, además de ilegal. Después de habernos mofado de los italianos por impedir la entrada de la banca española, no podemos hacer ahora lo mismo. Predicar la libertad de mercado y practicar la protección estratégica es una fórmula habitual, pero poco prestigiada. ¿Deberían los alemanes retirar la oferta a Zaragoza y repatriar a su país la fabricación del nuevo modelo de Opel? ¿No es el automóvil un sector estratégico?
La actuación de E.on desató ayer una tormenta tropical de rumores: BP o Total se lanzaban sobre Repsol; Repsol contra Iberdrola; Iberdrola - el que da primero da dos veces y es mejor ponerse la venda cuando todavía no se ha producido la herida- se enfrentaba a Gas Natural... y así hasta el mareo y el dolor de cabeza. Los rumores se subieron a las cotizaciones y la Bolsa se permitió un paseo por las nubes. Sobre todo, los valores más afectados, como Endesa, que se disparó un 8,12%, e Iberdrola (6,19%).
¿Ahora? Todo el mundo a pensar. El Gobierno, si impide o consiente la operación. Gas Natural, si mejora el precio o se rinde. Endesa, si abre la fortaleza al invasor. Los accionistas, si éste es el mejor precio o habrá más sorpresas positivas. E Iberdrola, cuál será su respuesta si se desvanece la posibilidad de crecer. i.m.gardoqui@diario-elcorreo.com