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Jueves, 23 de febrero de 2006
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CULTURA
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El cambio que sufre el país de Bhután protagonizó ayer la XXII Semana de Cine Vasco
El director Jon Garaño.
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Bhután es un país asiático que ha estado sometido a un autoaislamiento durante siglos para conservar sus tradiciones milenarias, su identidad y su religión, y evitar la 'contaminación occidental'. Desde hace sólo unos años, la pequeña monarquía abre poco a poco sus puertas al resto del mundo. Jon Garaño se desplazó hasta allí con la intención de realizar un documental sobre su medicina tradicional y conoció a Jimmy, el primer discjockey del reino de la cordillera del Himalaya. Encontró al 'pinchadiscos' en el único bar de la capital y le informó de que ese sábado se iba a celebrar la primera fiesta techno-house de la historia del país. Garaño y su equipo no lo dudaron, acudieron al guateque y lo grabaron. «Cuando llegamos a Euskadi nos dimos cuenta de que la historia buena era la de Jimmy y no lo de la medicina tradicional», informaba ayer el cineasta instantes antes de presentar su largo en la XXII Semana de Cine Vasco.

«Nos interesaba acercarnos a la brutal transformación que está sufriendo Bhután a través del discjockey. Y contraponerlo con las opiniones de un monje budista», declaraba Garaño. Convencieron a los productores y regresaron al reino budista con la intención de rodar una película. «No fue fácil. Teníamos una ayuda de la Unión Europea para rodar el documental sobre su medicina tradicional. Eso nos facilitó el contacto con el cónsul en La India, que habló con los representantes políticos de Bhután para conseguirnos el permiso de rodaje en el país. Luego, les convencimos de las ventajas que iba a suponer para ellos darse a conocer a través de la película y la idea les gustó», contaba el productor Xabier Berzosa.

«Lo más curioso que nos encontramos es la mentalidad de la gente, muy inocente. Y lo malo es que cuando volvimos, un año después, nos percatamos de que se había perdido mucha de esa inocencia. Está cambiando rápidamente la mentalidad de la gente», aseguraba el director de 'The Dragon House'. Pero el realizador no está en contra del progreso, «lo malo no es la occidentalización del país, sino su comercialización», puntualiza. Ellos también compraron algo, un traje tradicional de Bhután que el equipo le regaló al director por su cumpleaños.



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