La hora bruja es hoy a las 18.30. En ese momento, 'Harry Potter y el misterio del príncipe', la sexta y penúltima entrega de las aventuras de joven mago, dejará de ser un codiciado secreto y se pondrá a la venta en España. En total, más de un millón de ejemplares. No parece posible que ningún fan de la serie creada por la escritora británica J. K. Rowling se quede hoy sin su libro, de hecho hay miles de precavidos lectores que ya reservaron su volúmen hace meses para disfrutarlo con avidez el primer día.
Pero no vayan a pensar que la inquietud de la cuenta atrás y la ansiedad por zambullirse esta misma noche en los enigmas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería es cosa de niños. Hoy muchos adultos recuperarán la ilusión de reencontrarse, después de más de dos años de espera, con los personajes y lugares que conforman el apasionante universo forjado en las cinco anteriores obras de Rowling.
Y mientras algunos sentirán la necesidad de justificar su compra recurriendo a la manida excusa de que es para un hijo o para un sobrino, otros no ocultarán su pasión por Harry. El éxito del mago entre quienes dejaron la infancia hace muchos años es un hecho. Y si no fíjese cómo en los próximos días verá usted a bastantes adultos que leen totalmente abstraídos -en el metro, en el tren, en un parque- un voluminoso ejemplar forrado con un papel que no delate su título o con unas solapas que no parecen suyas. Pues bien, seguro que sus pensamientos están muy lejos de allí, concretamente, en Hogwarts o en algún lugar mágico o tenebroso.
«Hay gente así, pero a mí no me importa en absoluto que se sepa que soy fan de Harry Potter -señala Sara Elías, de 31 años, que trabaja en la librería Arriaga de Vitoria-. Hay muchos mayores que los leen. En esto de los libros hay mucho esnobismo, si alguien lee 'Dublineses', por ejemplo, presume de ello, y a mí, por ejemplo, me pareció un rollo y eso que soy una devoradora de libros, tanto que debí de ser la única niña a la que han castigado por leer en clase».
Sara, debido a su trabajo, ha experimentado estos días un plus de inquietud ante la llegada del libro. Y eso que en julio no pudo esperar más y se lo leyó en inglés. «Ya, pero ahora quiero leerlo en castellano para no perderme detalle», puntualiza. Eso sí, no ha hecho la reserva. Tiene delito. «A ver si hay suerte y me puedo llevar alguno a casa», dice no muy convencida esta enamorada «de los artilugios mágicos que salen en el libro, como un reloj cuyas manillas marcan el lugar donde están los miembros de una familia en ese momento, o la habitación mágica que aparece siempre que la necesitas ». La lista de lo que le gusta sería interminable. «Y Harry me encanta, porque pasa de ser un marginado a descubrir poco a poco sus poderes», añade.
Artilugios mágicos
Marisol Acha, una profesora bilbaína de 53 años, también admite su pasión por el universo potteriano, que ella describe como un flechazo. «Viajo mucho a Inglaterra y allí los vi por primera vez -recuerda-. Fue empezar y no poder parar». Ella, que tiene «fama de excéntrica», asegura que si le diese clase a Potter, le gustaría enseñar la asignatura de Pociones. «La imaginación es una cosa fantástica», asevera. Sus alumnos de primer ciclo de secundaria tienen de 12 a 14 años y son poco más jóvenes que su idolatrado Potter. Así que algo sabe de adolescentes. «Hablo con ellos del tema -afirma-. Se quedan sorprendidos de que una mujer de mi edad les comente cosas de Potter, pero bueno, también alucinan porque me gusta el rock duro». Su sobrino, Carlos, de 12 años, es uno de sus mejores contertulios en lo tocante a Potter. «Comentamos cosas de los libros, que están muy bien ¿estoy deseando empezar a leerlo y animo a todos a que lo hagan!», arenga entusiasmado.
Forofa de Hermione Granger, la empollona amiga de Harry -«les da sopas con honda a todos»-, Marisol asegura que el debate suscitado sobre la supuesta poca calidad de la serie de Rowling y su dudosa labor de iniciar a los niños en la lectura «es incomprensible». «Hoy en día es muy difícil captar la atención de un chaval y Harry ha animado a muchos que nunca hubieran leído a hacerlo», sentencia. Y eso sí que es magia.