«El Pompidou fue el primer museo que abrió sus puertas a la arquitectura y después de todo este tiempo, he llegado a tener un cierto número de convicciones; la principal, que la megalomanía es un error, que el gigantismo en arquitectura no es la mejor manera de enfocar las cosas», considera Jean Dethier, director hasta 2005, y durante treinta años, de la sección de Arquitectura del Centro Georges Pompidou, de París.
La opinión de Dethier, arquitecto, urbanista e historiador de origen belga, marcó la primera jornada del congreso internacional 'Los nuevos centros culturales en Europa', que se celebra hasta mañana en el palacio Euskalduna, de Bilbao, organizado por la empresa de gestión cultural y comunicación Grupo Xabide.
«¿Ande o no ande... caballo grande?», se preguntó con ironía, en el inicio del congreso, Roberto Gómez de la Iglesia, director del comité organizador, en referencia a las grandes obras que han caracterizado a la arquitectura con funciones culturales en los últimos tiempos.
Excepciones culturales
«La megalomanía es un error», venía a responder a continuación Jean Dethier, que ha conocido de primera mano los problemas de aprovechamiento del espacio y de mantenimiento que plantea un edificio como el famoso museo de arte contemporáneo parisino, pura arquitectura High Tech, obra de Richard Rogers y Renzo Piano.
El Centro Georges Pompidou, conocido popularmente en París como el Beaubourg, fue inaugurado en 1977, casi veinte años antes que el Guggenheim Bilbao, que es la obra más celebrada en el mundo del arquitecto norteamericano Frank Gehry. Para Dethier, uno y otro son «excepciones culturales, iconos de una arquitectura heroica de un éxito popular destacable, aunque -opinó- los intentos que ha habido de imitarlos han fracasado».
A su entender, «tanto el Centro Pompidou como el Guggenheim son ya dinosaurios, monstruos sagrados con un valor mítico; pertenecen a la mitología contemporánea». Dethier considera que tanto uno como otro han contribuido, en distintas épocas, a transformar las ciudades en las que se enclavan; sin embargo, todo cambia y hoy los grandes proyectos, los modelos grandilocuentes son insostenibles, tanto desde un puinto de vista económico, como desde el ecológico y el político. La época de las grandes máquinas culturales ha terminado», insistió este destacado profesional, para quien lo mejor es manejarse con una arquitectura más íntima, convivencial, democrática y digestiva».
El congreso, que será cerrado por el director del Gugggenheim Bilbao, Juan Ignacio Vidarte, cuenta con la participación de cerca de una veintena de representantes de entidades y modernos centros culturales como la Fundación Interart y el CCCB, de Barcelona; el Dundee Contemporary Arts; la Fundación Serralves, de Oporto; el Media Museum ZKM, de Karlsruhe; el Baltic Center, de Newcastle; la sede de la London Simphony Orchestra, el Musac, de León, o el Centro Cultural Zelaieta, de Amorebieta.