Los propietarios de Pinturas Jara, una empresa vitoriana con 35 años de trayectoria, han echado la persiana tras varios ejercicios en crisis. El fulminante cierre del centro deja a su plantilla -37 trabajadores- en una «difícil situación», según un portavoz de Comisiones Obreras, ya que sus contratos siguen vigentes y la gerencia, de la que no tienen noticias, no se ha ocupado de tramitar su rescisión. Además, el personal se ha quedado «sin cobrar» dos meses de salario.
La firma comenzó como un pequeño taller artesanal fundado por el empresarios alavés Jaime Cabrerizo. Tras su traslado a una nave en el polígono de Betoño, vivió sus mejores años de actividad, llegó a tener 130 trabajadores y era distinguida como una de las mayores compañías vascas de pintura industrial y revestimientos interiores de edificios. Según indicó el asesor de CC OO, todo cambió cuando el dueño se traslado hace tres años a Marbella y «dejó morir la empresa».
Desde entonces, Pinturas Jara ha estado en manos de dos grupos empresariales de León -el último de ellos, llamado Aisplanor-, pero ninguno consiguió remontar las pérdidas que arrastraba el negocio. Durante los últimos meses de vida de la firma, los empleados han desempeñado su labor bajo una «continua amenaza de cierre».
«Vacío de poder»
Tras la reciente salida voluntaria de siete empleados eventuales, los 30 trabajadores fijos que quedan sigue acudiendo diariamente a la planta, pero no tienen ninguna tarea que hacer. «Hace tiempo que nos echaron de las obras porque no se pagaba a los proveedores», explicó una administrativa a El CORREO. No hay directivos a los que reclamar los salarios atrasados, un auténtico «vacío de poder». CC OO asegura haber llamado a los propietarios leoneses para buscar soluciones, pero «no cogen el teléfono».
Ante esta tesitura, la plantilla tiene previsto solicitar ante el Gobierno vasco un expediente de regulación de empleo para rescindir sus contratos y poder reclamar así las indemnizaciones ante el Fondo de Garantía Salarial. Salvo que los propietarios declaren a última hora la quiebra o una suspensión de pagos, a los acreedores sólo les queda recurrir a la vía judicial para cobrar los adeudos.