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Jueves, 23 de febrero de 2006
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POLÍTICA
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Un asalto hoy «imposible»
Veinticinco años después del 23-F, varios de los diputados que vivieron aquel día creen impensable que se repita y ven a los militares como «garantía de libertad»
RECUERDO. José Bono, en el ángulo inferior izquierdo, durante el golpe del 23-F. / EFE
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«Imposible». «Impensable». «La situación es radicalmente distinta». Diputados que pasaron la noche del 23 de febrero de 1981 en el Congreso son rotundos en su convicción de que aquel golpe de Estado es irrepetible. Veinticinco años después, todos están convencidos de que el país es otro y sus ejércitos también. El ministro de Defensa, José Bono , subraya que «los militares se han acomodado a la Constitución con una ejemplaridad digna de ser elogiada y son hoy garantía de libertad».

No obstante, ninguno de aquellos parlamentarios ha olvidado las 17 horas en que la democracia quedó en suspenso y sus vidas a expensas de los golpistas. José Bono , en aquellos días secretario de la Mesa del Congreso, estaba a escasos metros de Tejero cuando éste, desde la tribuna, ordenó a los diputados que se echaran al suelo. Bono explica que sintió «indignación y tristeza» porque creyó que aquellos uniformados «iban a tirar los esfuerzos de los demócratas al pozo más negro de la historia de España».

«Al escuchar los disparos, sentí miedo de que pudieran matarnos», confiesa quien hoy manda a los militares. Veinticinco años después, subraya que «España ha cambiado como de la noche al día» y «hoy los sables no hacen ruido, no dan miedo, sólo ofrecen seguridad».

Aquella noche estaba también un joven de 31 años llamado Manuel Marín, hoy presidente de las Cortes. Lo primero que le viene a la cabeza al recordar el 23-F es «el ruido cuando un guardia civil abrió de una patada la puerta del salón de plenos y, luego, las palabras de Tejero». Marín sintió «una angustia doble: personal, porque no sabíamos qué iba a ocurrir, y la tristeza de pensar que podíamos perder todo aquello por lo que luchábamos». «No puede ser, es un golpe de Estado, todo se va al traste otra vez», caviló en silencio en su escaño.

Marín destaca como momento «especialmente dramático» cuando sacaron del hemiciclo a los principales líderes -Adolfo Suárez, Felipe González, Alfonso Guerra, Santiago Carrillo y Agustín Rodríguez Sahagún-. También recuerda cómo un guardia civil joven le pasaba un papelito con sus señas al diputado andaluz Alejandro Rojas Marcos, en el que le decía: «Yo no tengo nada que ver con esto, no sabía nada». Para el presidente del Congreso es «impensable» que pueda repetirse una situación así.

Santiago Carrillo, entonces líder del PCE y una de las personas que más peligro corrió aquella noche, recuerda el golpe como «un momento de vergüenza» para el país. Hoy anciano, fue, junto a Suárez y Gutiérrez Mellado, el único que desobedeció la orden de Tejero de echarse al suelo, y permaneció en su asiento mientras en el aire silbaban las balas. Destaca que «yo era de las pocas personas que sabía que era posible un golpe de Estado en España, y por eso, quizás estaba más preparado que otros».

Humillación

Carrillo tampoco concibe que el golpe pueda repetirse porque «la situación es radicalmente distinta». Destaca que «hoy no estamos desmontando una dictadura», y que «el terrorismo ya no es lo que era». Pero, sobre todo, quiere pensar «que lo que ha cambiado en este país es el Ejército, que ya no es un partido político armado».

Gabriel Cisneros, entonces diputado de UCD y hoy del PP, sintió la noche del 23-F «humillación y tristeza» ante la irrupción de los militares en el Congreso. «Volvemos a las andadas», pensó. Cisneros confiesa que tuvo miedo «por la integridad física mía y de mis compañeros», pero no temió «en ningún instante» que los golpistas triunfasen por lo «grotesco» de su acción.

El hoy Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, también asistió al 'tejerazo' desde su escaño de diputado del PSOE. Señala a ETA, que «entonces estaba con una fuerza incontenible» como la causa principal de la asonada. «ETA provocó el golpe de Estado de forma consciente» y «los militares querían aprovechar a ETA para forzar una vuelta atrás», son algunas de sus reflexiones.

Los grupos parlamentarios preparan con Manuel Marín una declaración institucional del Congreso para ser sometida a pleno hoy. La referencia al determinante papel del Rey en el fracaso de la intentona golpista provocó la discrepancia de algunos grupos, según informaron fuentes parlamentarias. Marín les recordó que el pronunciamiento sólo será posible si concita la unanimidad.



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