Acceder a una oficina pública, sacar dinero de un cajero, pedir una consumición en un bar, comprar una entrada de cine o coger el autobús. Son acciones cotidianas en las que casi nadie repara, hábitos que entrañan, en apariencia, poca dificultad. Sin embargo, esto sólo es así cuando se camina sin impedimento alguno.
La asociación de personas con discapacidad física de Álava Eginaren Eginez se sabe de memoria la relación de edificios públicos de Vitoria que, a los nueve años de su su aprobación, incumplen la Ley de Promoción de la Accesibilidad. Y lo hacen por tener peldaños a la entrada, carecer de rampas o no caber una silla de ruedas en sus ascensores y sus rampas. De esta lista 'ne-gra' no se salva ninguna institución. No obstante es el Ayuntamiento -por ser el que más edificios tiene- la entidad con mayores problemas.
El paradigma de las barreras arquitectónicas se lo lleva la Casa Etxanobe, en donde se ubican los servicios municipales de Igualdad. «Tiene escalón a la entrada, una puerta muy pesada y carece de ascensor», denunció a EL CORREO el colectivo, que aglutina a 1.500 discapacitados. Estas deficiencias llevaron a la asociación a protestar, en diciembre, por la convocatoria de una reunión de diferentes grupos, lo que obligó a trasladar el encuentro a otro lugar.
«El técnico municipal que había realizado el llamamiento se disculpó y prometió que nunca más ocurriría. Ése no es el objetivo. De lo que se trata es de que sea accesible», resalta la trabajadora social de Eginaren Eginez, Elena Ábalos.
Una reclamación similar apunta al edificio del Ayuntamiento situado entre Dato y General Álava, donde se ubica la Hacienda local, que sólo es «permeable» en su planta baja. También hay zonas infranqueables en la Casa Consistorial y en la Agencia de Renovación Urbana, en la plaza de España.
El palacio de Villasuso tampoco es del todo accesible al tener un peldaño en la entrada. «Hay una rampa movible que la ponen y la quitan cuando llega alguien en silla de ruedas. Ésta no es la solución. El discapacitado no tiene porqué esperar a la puerta a que alguien se dé cuenta de que llega. Además, hoy existen soluciones para eliminar barreras en edificios históricos», señala Helena Espizua, una de las portavoces de Eginaren Eginez
Rellenar papeles en la calle
La Diputación sale mejor parada. Sin embargo, las oficinas que el Instituto Foral de Bienestar Social tiene en el número 10 de la calle General Álava son objeto de las iras del colectivo. En ellas se ubica el área dedicada a las personas con discapacidad. Pese a ello, su plataforma de acceso «no garantiza la autonomía. Hay que buscar a una persona para que la active y el ascensor es estrecho».
El Gobierno vasco también tiene deberes sin hacer. En su sede de Egailan (el servicio de empleo) de Nieves Cano no puede entrar un persona con impedimentos físicos porque está situada en un primer piso sin ascensor. El centro de salud de la calle Correría, también de su competencia, «tiene una rampa de acceso que deja mucho que desear».
El Gobierno central no se salva de esta lista. En la oficina del DNI, por ejemplo, hay una rampa inclinada en exceso y la plataforma no aguanta el peso de todas las sillas de ruedas. Cuando esto ocurre, un funcionario tiene que salir con los papeles para cumplimentarlos en la entrada.