El primer consistorio del pontificado de Benedicto XVI se celebrará dentro de un mes, el 24 de marzo, y servirá para nombrar 15 nuevos purpurados, 12 de ellos menores de 80 años y por tanto con derecho a voto en un hipotético cónclave. Entre ellos se encuentra el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, tal como preveían todas las 'quinielas', por tratarse de un prelado cercano a Ratzinger pero sobre todo porque, dentro de los engranajes de la Iglesia, el responsable de la diócesis manchega es el primado de España y siempre ha sido distinguido con el título cardenalicio. Es decir, de alguna manera va con el cargo y cuando se coloca a alguien al frente de este episcopado prácticamente ya se le está proponiendo como futuro cardenal. Aún así, titulares de otras sedes, como París o Dublín, que sonaban como candidatos se han quedado fuera.
De este modo, el número de purpurados españoles asciende a nueve, seis de los cuales son menores de 80 años. No obstante, como siempre ocurre en el entretenido juego del cambiante colegio de cardenales, hay que hacer cuentas: dos de ellos alcanzarán esta edad en el próximo año -Ricardo María Carles, en septiembre, y Eduardo Martínez Somalo, en marzo de 2007-, por lo que la presencia española en un cónclave volvería a reducirse.
En cuanto al colegio en su conjunto, los nombramientos anunciados ayer por el Papa cubren exactamente los puestos vacantes necesarios para completar la cifra máxima de 120 prevista en las normas fijadas por Pablo VI en 1973. En este momento, y a la espera de que se hagan efectivas las nuevas designaciones, hay 110 purpurados con derecho a voto, pero dos de ellos cumplirán 80 años en marzo, por lo que los 12 elegidos redondean la cifra exigida.
Naturalmente, es una solución provisional, porque hasta diez cardenales más irán llegando en el próximo año a la fatídica edad que les deja fuera del cónclave. Por tanto, de aquí a un año habrá otro consistorio para suplir esas bajas. Juan Pablo II tenía la costumbre de nombrar muchos de una tacada, cada dos o tres años, superando incluso la barrera de los 120 con el cálculo a largo plazo de que el número se iría reduciendo. Sin embargo, Ratzinger ha cambiado de estilo: todo apunta a que avanzará a base de pequeñas listas de nombramientos anuales. Él mismo fue elevado al rango de cardenal por Pablo VI en un consistorio con sólo cinco designaciones.
La lista conocida ayer y leída por el Papa en la audiencia como quien desvela una alineación cumple todos los pronósticos. El primer nombre fue el del norteamericano William Joseph Levada, sustituto del propio Ratzinger al frente de la congregación de Doctrina de la Fe, un cargo muy importante que lleva aparejada la categoría de cardenal. Otros dos altos cargos de la Curia, el esloveno Franc Rodé y el italiano Agostino Vallini, obtienen la púrpura, pero muchos otros que esperaban tal privilegio deberán esperar a la próxima ocasión.
El secretario de Wojtyla
Otro de los candidatos cantados es el antiguo secretario personal de Juan Pablo II, Estanislao Dziwisz, actual arzobispo de Cracovia. El resto son titulares de episcopados de capitales de todo el mundo, con una especial presencia de Asia, señal del peso creciente de este continente dentro de la Iglesia: serán cardenales los arzobispos de Manila y Seúl y el obispo de Hong Kong, Joseph Zen Ze-Kiun, voz crítica y destacada de la Iglesia china.