Los particulares que son titulares de casas o edificios calificados como monumentos o amparados por las leyes de protección del patrimonio tienen una joya histórica, pero también unos abultados gastos de mantenimiento.
La sociedad foral que protege los cascos históricos, Arabarri, subvenciona parte de las obras de reforma de estos inmuebles o elementos insignes. Sólo en el pasado año, atendió 29 peticiones de los dueños de estas casonas, lo que le supuso un desembolso de 1,5 millones de euros, la mitad de todo su presupuesto.
En total, Arabarri sufragó parte de los costes de 119 trabajos privados o públicos de diferente cariz. Así, la mayoría de ellos se realizó dentro de veinte de los veinticinco cascos históricos que existen en Álava, aunque hubo 29 obras que se efectuaron fuera de estos núcleos.
Los pueblos de Alegría, Laguardia, Elciego o Berantevilla son los que realizaron reformas de mayor envergadura económica. Arquitectos y técnicos de la sociedad foral realizaron en todos estos casos el seguimiento del proceso para velar por la protección de estas 'joyas' de la arquitectura alavesa.
Los otros 1,5 millones restantes se han destinado a la reforma de las murallas de Antoñana, Salvatierra, Peñacerrada y Laguardia.