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Domingo, 26 de febrero de 2006
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ÁLAVA
«¿Cuándo llegará el tranvía que no anda todavía?»
Iker Ortiz de Zárate, en un momento del pregón. / IGOR AIZPURU
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Wolfgang Amadeus Mozart despertó ayer de su largo sopor para celebrar, también en Vitoria, el 250 aniversario de su nacimiento. Y es que contra todo pronóstico -se esperaba que Iker Ortiz de Zárate diera la bienvenida a los carnavales vestido de El flautista de Hammelin- el pregonero de las fiestas más desinhibidas del calendario pagano decidió emular al genio de Salzburgo.

El actor y director teatral alavés, vestido de blanco inmaculado y luciendo la típica peluca de las cortes dieciochescas, dio rienda suelta a su idealismo para sembrar su discurso de alabanzas a su ciudad, a sus habitantes y, cómo no, también al Carnaval. «Hoy en Vitoria se esfuma el falso pudor. Es esta una ciudad importante, humana, que da calor y de la que ser su hijo es un honor», aduló de entrada.

Pero una vez concluido su efusivo alegato a favor del disfraz -«con él sois más de verdad, ya que muestra lo que no osáis mostrar el resto del año»- su humor ácido y burlón sembró acto seguido su discurso de críticas, en alusión directa a los temas más candentes de la actualidad municipal.

Sincero y directo, Mozart -o más bien Iker Ortiz de Zárate- se refirió en primer lugar a la «obsesión viaria» que padece la ciudad. «¿Cuándo llegará el tranvía que no anda todavía?», se preguntó el pregonero antes de atacar a los grandes centros comerciales, de pedir el cierre de la central nuclear de Garoña, de solicitar el soterramiento del ferrocarril, de reivindicar el cuidado de un casco histórico «herido de abandono» o de defender la necesidad de «un auditorio». Un pregón al más puro estilo de las chirigotas gaditanas. Eso sí, bajo la lluvia y a cuatro grados. El calor lo pusieron los vitorianos.



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