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Lunes, 27 de febrero de 2006
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ÁLAVA
Se aguó la fiesta
Vitoria apuró ayer los últimos coletazos del frío Carnaval, que se despedirá mañana con la quema de la sardina
EN FAMILIA. Hasta el perro quiso celebrar los carnavales.
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Acostumbrados a la sequía y a las altas temperaturas del desierto, los tuareg -el pueblo nómada que habita en la parte central del Sáhara y sus límites con Sudán- tuvieron que bregar ayer en Vitoria con gélidas temperaturas que no llegaron a superar los tres grados, con lluvia y hasta con nieve. Pero los comparseros integrantes de la carroza del Buen Pastor, que abrían ayer el segundo desfile de carrozas disfrazados de estos ancestrales pastores nómadas, no se amedrentaron porque por segundo día consecutivo 'lorenzo' decidiera hacerse el sueco.

El festejo iba a estar pasado por agua pero al mal tiempo -debieron de pensar los comparseros- buena cara. Y unos buenos chubasqueros. Esos que ayer se contaron por cientos en la comitiva carnavalera y que, a pesar de deslucir los modelitos, evitaron en lo posible una calada colectiva.

En las aceras, mientras tanto, un público menos numeroso que en anteriores ediciones aguantaba estoico el paso del desfile que durante casi dos horas intentó empapar de algarabía las tristes calles de Vitoria. ¿Cómo? Gracias a un sorprendente cóctel de ropajes, parodias, coreografías y rugidos musicales, más próximos a la canción del verano que a ritmos carnavalescos.

A medio gas

Todos estos ingredientes, salpicados de una buena dosis de ingenio, agudeza y sentido del humor han conseguido que el desfile de comparsas se haya convertido en el acto popular más imaginativo, ruidoso y transgresor de los que se celebran a lo largo del año. Claro que ayer, los Quijotes, las cabareteras, las bailarinas del sambódromo de Río o los galos en misión Cleopatra estaban a medio gas. Los excesos del sábado, trasnocheo incluido, dejaron alguna que otra secuela en el rendimiento de los comparseros que, a pesar de todo, interpretaron con más gracia que técnica sus recurrentes coreografías.

Pero entre baile y baile hubo también tiempo para la reivindicación vecinal que este año llegó de la mano de la comparsa de Santa Lucía, en cuya carroza podía leerse 'Alonso respeta el parque. No a Tres Santos'. «Nos quieren quitar el único parque que tenemos para edificar casas y no lo vamos a consentir», aseguró uno de sus integrantes. El 'gallinero griposo' del centro Séneca y su baile del pimpollo pusieron la nota divertida a un desfile con el que Vitoria despedía casi por completo el Carnaval. Porque el adiós definitivo a las máscaras no llegará hasta mañana con la quema de la sardina en la plaza de España.



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