No era necesario que las organizaciones que protestan con toda la razón contra el abuso de tallas inverosímiles para el vestuario de las chicas revelaran el caso de la Pasarela Cibeles y los casos de evidente anorexia que van camino de convertir a las chicas que caen en la trampa en espectros andantes. Bastaba con echar un vistazo a un desfile de modelos cualquiera y contemplar cómo se puede convertir a una joven de aspecto saludable en una sombra empeorada de sí misma.
El hospital Santiago atiende 49 casos nuevos de anorexia, abatidas sus víctimas por el absurdo culto a una estética que no lo es y que las convierte en patéticos ectoplasmas. En la resolución del problema se quedan varias piezas en el camino, muñecas rotas, juguetes patéticos, tragedias a veces irresolubles y lamentos tardíos de quienes pudieron evitar el desastre y no quisieron o llegaron demasiado tarde.
Se está jugando con algo muy serio, con lo más serio de esta vida, que es la destrucción lenta y estúpida de seres humanos en el altar de una estética concebida por mercaderes que además exhiben sus trofeos como si fueran artistas del Renacimiento. Ése es un mundo inconcebible para una mente normal, y de ese delirio están saliendo monstruos que no atemorizan pero que enternecen. Les aseguro que pocas cosas hay más patéticas hoy en día que un desfile de modelos de ese estilo. La belleza del cuerpo femenino se queda en osamenta transparente y la gloria efímera de las modelos no va más allá de una simulación triste.