El PNV tiene intención de sentarse con Eusko Alkartasuna para intentar «clarificar» la disposición de sus socios a reeditar su coalición y despejar, en consecuencia, si vuelven a compartir listas o no en las elecciones municipales de mayo del 2007. Aunque aún restan quince meses para la cita en las urnas y los jeltzales no han arrancado el proceso interno para preparar los mensajes políticos y las candidaturas, el horizonte electoral y la continuidad de la colaboración con EA salieron a relucir en la asamblea nacional celebrada por el partido el pasado sábado. Según confirmaron asistentes al cónclave, la dirección encabezada por Josu Jon Imaz planteó en un momento dado, y sin entrar en más consideraciones, la necesidad de empezar a trabajar en los comicios y aclarar con sus aliados si concurren o no conjuntamente. La cuestión no suscitó debate y tampoco se fijaron plazos, sostienen los mismos medios.
El PNV y EA se presentaron coaligados ante los votantes en las elecciones locales de 2003, las primeras en las quedó excluida la ilegalizada Batasuna y en las que las dos fuerzas del Gobierno se alzaron con la mayoría absoluta en Vizcaya y Guipúzcoa. Los óptimos resultados maquillaron una negociación que resultó muy ardua y cuyos escollos se reprodujeron en mayor o menor medida en las conversaciones para repetir alianza de cara a las autonómicas del pasado mes de abril. Entonces, ambos se quedaron en 460.000 sufragios -140.000 menos que en 2001- y perdieron cuatro escaños; todos ellos encuadrados en las filas peneuvistas. En el ínterin, los dos partidos concurrieron por separado a las europeas y también a las generales del 2004, en las que el grupo de Imaz rebasó las 417.000 papeletas mientras EA lograba retener su asiento en el Congreso, pero con su peso reducido en los tres territorios.
Estas cifras, orientativas en un escenario condicionado por las incertidumbres que genera el posible proceso de paz, dan lugar a lecturas distantes en los socios de Gobierno: mientras en el PNV cunde la impresión de que el papel de EA está sobredimensionado con respecto a su tirón en las urnas, los aludidos siguen manteniendo la convicción de que disponen de un espacio electoral asentado. Unos y otros se han mirado de reojo en los últimos meses, con sospechas de deslealtad de ida y vuelta.
La desconfianza que anida en sectores significativos del PNV tiene que ver tanto con el «hartazgo» ante los desmarques de sus aliados en algunas cuestiones sensibles -como el Impuesto de Sociedades o la carrera automovilística de Bilbao-, como por sus 'coqueteos' con Batasuna y los socialistas. Los peneuvistas, según asegura uno de los presentes en la asamblea, no parecen dispuestos a encarar unas elecciones tan trascendentales como las de 2007 con «meses» de 'tira y afloja' negociando con EA.