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Martes, 28 de febrero de 2006
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El Papa reitera que se debe respetar al hombre «desde el inicio de la vida del embrión»
Benedicto XVI.
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Benedicto XVI aprovechó ayer su discurso de apertura de un congreso sobre el embrión humano, organizado por el Vaticano, para reiterar la doctrina oficial de la Iglesia sobre este asunto. «El amor de Dios no hace diferencias entre el recién concebido, todavía en el seno de su madre, el niño, el joven, el hombre maduro o el anciano», aseguró. Ratzinger recordó la postura ya fijada por Juan Pablo II, y citó una frase de su encíclica 'Evangelim vitae', de 1995: «La vida humana es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia, también en el que precede al nacimiento». El Papa se limitó a añadir que este juicio «vale también para los inicios de la vida de un embrión, antes incluso que sea implantado en el seno materno».

Se trata de una opinión lanzada contra cualquier tipo de actividad científica con embriones humanos, tal como explicó la semana pasada el presidente del Pontificia Academia de la Vida. Monseñor Elio Sgreccia expuso en la presentación del congreso, que empezó ayer y termina hoy, los casos que condena la Iglesia: «El embrión es un hijo, y lo es cuando espera en el laboratorio a ser implantado, cuando se practica la fecundación artificial, cuando se selecciona y se congela, cuando se intercepta justo después de la concepción y antes de que llegue al útero con la 'píldora del día después', cuando es fruto de la clonación». El cardenal Javier Lozano Barragán insistió ayer en que el «uso de embriones con fines científicos es otra forma de supresión de la vida».



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