La decisión de los Príncipes de Asturias de conservar sangre del cordón umbilical de la infanta Leonor mantiene dividida a la comunidad científica. Los expertos consultados no tienen un criterio común sobre la utilidad terapéutica de una decisión así.
Hay especialistas, fundamentalmente del sector privado, que sostienen que lo lógico sería apostar por la técnica, dado el potencial terapéutico de este material genético y la velocidad a la que avanza la investigacíón biomédica. La opinión del sector público es, sin embargo, muy distinta. Creen que el día en que la sangre del cordón umbilical garantice todas las esperanzas depositadas en ella, la investigación con células madre embrionarias estará tan avanzada que no será necesario recurrir al material almacenado en ningún banco.
La placenta y la sangre contenida en ella han sido consideradas tradicionalmente material de desecho, carente de toda utilidad. La situación comenzó a cambiar en los años ochenta, cuando se descubrió que esa sangre contenía una alta concentración de células madre hematopoyéticas. Es decir, capaces de producir células sanguíneas. Las hay de tres tipos: glóbulos rojos, encargadas de llevar el oxígeno a los diferentes órganos; glóbulos blancos, para combatir las infecciones; y plaquetas, cuya misión básica consiste en favorecer la coagulación de la sangre y evitar hemorragias.
El hallazgo dio un impulso al tratamiento de las enfermedades relacionadas con la sangre, fundamentalmente de la leucemia. Hoy se sabe que las células madre del cordón umbilical son capaces de regenerar por completo la médula ósea y el sistema inmunológico, aunque se encuentren seriamente dañados por una enfermedad o una terapia tan agresiva como la quimioterapia. Posteriores investigaciones también les atribuyen capacidad para combatir otras enfermedades, fundamentalmente Parkinson, Alzheimer y diabetes. La esperanza depositada en este terreno es mucha, lo que explica el interés por conservar cordones umbilicales.
«Yo no lo haría»
Pero lo cierto es que el uso de este recurso es todavía muy limitado, según reconoció ayer José Remohí, co-director del Instituto Valenciano de Inferlidad, un centro que por dos ocasiones ha recibido la negativa del Gobierno a la apertura de un banco de cordones umbilicales. «La terapia puede tener más o menos indicaciones, pero si necesitas un tratamiento y no lo tienes en tu país, te vas a otro», argumenta. Gorka Barrenetxea, vocal de la Asociación Vasca de Centros de Reproducción Asistida corrobora esta tesis. «La potencialidad de estas células es enorme. Es muy difícil negar sus posibilidades de futuro», recalca el especialista de Quirón Bilbao.
Al otro lado del debate se sitúa José María Mato, director general del Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias Biogune y Premio Nacional de Investigación Científica en Medicina 2004. El científico está convencido de que las esperanzas depositadas en las células madre embrionarias y en los cordones se harán realidad a un mismo tiempo. Y si es así, tener congelado un cordón umbilical carecerá de sentido. «Si tuviera un hijo, yo no lo haría», afirma.