«Hablar del fundamentalismo religioso siempre es complicado. Da igual que sea islámico, hindú o cristiano», declara la directora hindú Deepa Mehta, que sufrió en sus carnes los rigores del integrismo hindú por contar el drama de las viudas de su país en 'Agua', que este viernes se estrena en España.
Formada como cineasta en Canadá, país en el que pasa seis meses al año, Mehta escogió para cerrar la trilogía que empezó con 'Fuego' y continuó con 'Tierra' el desconocido y dramático mundo de las viudas de la India, a las que unas tradiciones inhumanas obligan a vivir 'en pureza', lo que se traduce en una existencia de reclusión y llena de privacidades.
«Mi película refleja lo que pasa en la India: el ascenso del fundamentalismo y la intolerancia hacia cualquier cosa que lo cuestione. Estoy preocupada porque el integrismo está cobrando mucha fuerza en todo el mundo», explica la realizadora. Hace seis años, Mehta viajó a Benarés para iniciar la filmación de 'Agua'. No pudo ser porque los fundamentalistas entendieron que el filme iba en contra de la religión hindú. Decorados destruidos, manifestaciones en la calle, protestas y amenazas tuvieron como resultado que el proyecto se demorase cuatro años, hasta rodarse en Sri Lanka.
«Según el último censo, en la India hay 34 millones de viudas, de las que 11 millones viven en una especie de convento sometidas a unos dogmas muy duros. Van vestidas de blanco, comen muy poco y, aunque la ley las permite volver a casarse, muy pocas lo hacen. Cada vez hay más organizaciones y voluntarios trabajando para que esta situación desaparezca, pero llevará bastante tiempo», reconoce Mehta.
Retrato del racismo
'Agua' transcurre en la India de 1938, la del nacimiento de la independencia, cuando era habitual casar a las niñas con hombres mucho mayores que ellas por razones económicas. Al morir el marido, se encerraba a la esposa en un 'ashram', una casa de viudas en la que pasará el resto de su vida. En ocasiones, la matrona del 'ashram'obligaba a las viudas más jóvenes y atractivas a prostituirse.
'Agua', que se estrenará en la India en abril, cuenta la historia de una viuda de ocho años, una niña a quien su nuevo estatus le hace vivir el resto de sus días recluida. «La sociedad hindú es patriarcal. Sin la protección del hombre la mujer está desamparada. Y dentro del universo femenino, las más abandonadas son las viudas. La mala interpretación que se hace de la religión provoca que se abuse de ellas», explica la directora, que agradece el respaldo que ha recibido de Salman Rushdie y George Lucas. Este último compró una página de publicidad en 'Variety' denunciando que era «una vergüenza» lo que había pasado con 'Agua'
Así, tras abordar la política de la sexualidad en 'Fuego', la guerra de las sectas en 'Tierra' y la política religiosa en 'Agua', donde combinó viudas auténticas con actrices, Mehta volverá a pronunciar la palabra 'acción' el próximo diciembre para retratar el racismo. Hija de un distribuidor cinematográfico, la realizadora de 'Agua', título que Amnistía Internacional ha elegido filme del año, está convencida de que en su país hay cine más allá de Bollywood. «En la India se hacen películas independientes, serias y críticas. No estoy sola, no soy la única que hace cine serio en mi país», añade la cineasta, para quien una película no cambia una realidad, «pero sí puede establecer un diálogo si toca una fibra y emociona».