Sin duda, las 'road movie' son un invento inequívocamente norteamericano, que ha dado pie a infinidad de películas, algunas tan apasionantes como 'Easy Rider' (Dennis Hopper, 1969). Ésta es, precisamente, la estética empleada por el inquieto director Duncan Tucker en 'Transamerica', a la hora de relatar el viaje emprendido por un transexual -no un travesti- con su hijo desconocido, fruto de una esporádica relación sexual de juventud, a lo largo y ancho de Estados Unidos. Periplo iniciático filmado sin aportaciones cinematográficas especialmente relevantes, pero con una sencillez, un calor humano y un sentido del humor que se agradecen muy de veras.
Así es Bree, un ser con cuerpo de hombre y alma de mujer, interpretada de manera asombrosa por Felicity Huffman, aquejada por una disfosia de género que, al menos en Estados Unidos, es considerada enfermedad mental grave. Asumir sin complejos una operación de cirugía de reasignación sexual es lo que persigue la protagonista, en un filme sin concesiones a la galería, que tiene su punto.
Como era de prever, conforme Bree y su hijo Toby se desplazan por varios estados de la Unión, van surgiendo otros personajes, incluido un mangante 'hippy de mierda' -como lo califica uno de los protagonistas-, así como un solitario indio navajo y hasta los propios padres de nuestra heroína. Personajes de una pieza, pero realmente entrañables, para una película que preconiza la tolerancia, en el sentido de que cada uno es como es. De modo que aquí paz y después gloria.