Valvanera Guridi forma un tándem perfecto con Santiago Ezquerro. Los resultados lo demuestran. Ella ha sido, desde que empezó en el atletismo, su única entrenadora. El velocista no necesitó salir de Pradejón para encontrar al técnico que dirigiera sus pasos sobre el tartán. Es más, nunca se ha planteado 'emigrar' a un centro de alto rendimiento, a pesar de que ella le deja libertad para elegir. «Yo no tomaría una decisión de ese tipo. Y si un día se lo plantea, puede estar seguro de que voy a estar conforme, tome la decisión que tome. Si él creyera que va a mejorar, le apoyaría».
Además, Guridi matiza que «quizá para otras especialidades es más conveniente marcharse a sitios con materiales más específicos, otro tipo de instalaciones; pero él tiene aquí todo lo que necesita». Algo similar señala a la hora de indicar por qué no fichó por un equipo de la élite. «Un atleta no es como un fubolista, por ejemplo, que para seguir su trayectoria, si es bueno, tiene que irse a un equipo lejos de su pueblo. El atleta puede estar en el equipo que quiera y entrenar donde quiera».
Sin escuchar las palabras de su preparadora, Ezquerro casi las repite igual y añade: «Nunca me han planteado ir a un centro de alto rendimiento, pero creo que si yo hubiera querido, no hubiera tenido problemas hablando con la Federación. Aunque prefiero estar en casa». A su juicio, «no merece la pena sacrificar cosas como el estar con tu familia, con tu novia, terminar de entrenar y volver a casa», porque «nunca se sabe si, además, los resultados hubieran sido mejores».
Santi Ezquerro tiene motivos para fiarse de sus sentimientos y de los que le rodean. Porque lo cierto es que empezó en el mundo del atletismo tarde, por casualidad, y de la mano de Guridi por el simple hecho de que «su madre y yo éramos de la misma cuadrilla», recuerda la entrenadora.
La madre de Santi Ezquerro le comentó a su amiga (tras observarlo en el concurso colegial 'Berones y pelendones'): «Hazle unas pruebas a mi hijo porque creo que corre mucho», recuerda Guridi. Y no se equivocaba. Acababa de poner en sus manos una perla con futuro a la que había que pulir. Estaba claro que tenía velocidad, pero aunque empezó en 100 y 200, «desde que lo cogí con 15 años, hemos estado entrenando para los 400 metros. Con 16 años era rápido, pero era más un hombre de velocidad prolongada. Nos centramos en el 200 porque para pasar al 400 ya tendría tiempo», explica su entrenadora, consciente de que, además, iba a necesitar una transición que se produjo el año pasado.
«Éste es su segundo año en 400 y se le nota más maduro». La madurez es, precisamente, uno de los aspectos que Guridi considera fundamentales para correr bien en la vuelta a la pista. Por eso, asegura que su verdadero nivel se verá «en varios años».
Rebajar las marcas
De momento, el Nacional le ha demostrado que la planificación va por buen camino. «Hizo tres 400 en un campeonato y los tres fueron muy buenos». De hecho, fue mejorando su marca de la temporada progresivamente hasta hacerse con la mínima para el Mundial de Moscú. «El resto de los entrenadores estaban un poco asustados por las marcas, porque igual se desgastaba demasiado, pero yo creo que era necesario que cogiera confianza porque en el resto de las pruebas que había corrido no había bajado de 48». Pese a que todo va según lo previsto, Guridi no se atreve a pronosticar en qué marcas se puede mover su mejor pupilo al aire libre. «Lo importante es seguir bajando los tiempos, nada más».